El pasado 10 de septiembre murió el doctor Francisco Lopera, quien descubrió una variable genética del Alzheimer entre cuyos portadores se han encontrado dos genes protectores que podrían servir para desarrollar terapias que posterguen o curen la enfermedad.
La intención era entrevistarlo para este artículo, pero el hombre que dedicó cuarenta años de su vida a investigar las causas de la enfermedad de Alzheimer, y abrió la puerta de su cura, dejó súbitamente este mundo a causa de un melanoma el pasado 10 de septiembre. Un mes después de haber renunciado a la dirección del Grupo de Neurociencias de Antioquia (GNA), que ejerció durante cuarenta años.
Una circunstancia paradójica. Él, que se dedicó la vida entera a combatir la enfermedad que muchos llaman “la muerte lenta” y que dijo en numerosas entrevistas que quería evitar que otros muchos —hoy 55 millones de personas, según la OMS— murieran del mal del olvido, como su abuela, murió a los 73 años de un cáncer aparentemente súbito que lo llevó a renunciar a su trabajo.
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