Skip to main content

Recuento de daños

por María Fernanda Ampuero

Por María Fernanda Ampuero

Ilustración: Mauricio Maggiorini
Edición 460-Septiembre 2020

Firmas001a 2
Recuento 01

Despertarte. No querer despertarte. Despertarte igual. Ir al baño. Recordar fragmentos de las pesadillas sentada en el váter. Te caías de unas escaleras que no tenían principio ni fin. Te peleabas con tus mejores amigos. Perdías una y otra vez un avión. Pelearte con las ganas de volver a dormir. Qué cansancio no hacer nada. Extrañar la vida de antes. Abrir la cortina y que el sol grite con su grito de cuchillo que ya es de día. Cerrarla un poco. Volver a la cama. Revisar el Whatsapp, el Twitter, el Instagram, el Gmail, el Facebook. Contestar a casi todo con stickers o emoticones para no revelarte con palabras. Usar simbolitos graciosos para no decir “Puede que no aguante mucho más. Pensar que deberíamos tener un nuevo idioma para contar lo que nos está pasando, un lenguaje más profundo, que todo se queda corto, que, por ejemplo, cuando dices que extrañas a tu familia, de verdad estás diciendo que no sabes cuándo los volverás a ver, que una visita puede significarles la muerte, o sea, que extrañas la posibilidad de verlos y que tú, que viviste a diez mil kilómetros de distancia de ellos, nunca te has sentido tan horrorosamente lejos.

Pensarte sola como una mujer en una cápsula espacial.

[rml_read_more]

Volver a entender que esto de la pandemia es real y que los países que abrieron están volviendo a cerrar, que los contagios siguen creciendo, que nadie sabe para cuándo vamos a tener una vacuna. Pensar como cada mañana que no hay a dónde escapar. Desear ver el mar con tal fuerza que duelen las mandíbulas. Darse cuenta de que casi es fin de mes y que ha sido un mes —otro— botado a la basura. Inaugurar el día con el primer pensamiento negativo de miles que seguirán. Decirte “No sirvo para nada, debería estar aprovechando este tiempo, hay gente que ha hecho maravillas con este tiempo de encierro y yo nada”. Hablar contigo misma con desprecio. Levantarte.

Poner a calentar el agua para el café todavía con ganas de volver a la cama y pasar ahí todo el día. Recordar que hay que comer proteínas, pero cuáles si todo lo que comes te cae mal. Darte un cachetazo de romanticismo yogui y avergonzarte por estos sentimientos de mierda cuando hay gente que ha muerto, que ha perdido a sus seres queridos o que está pasando los días contando monedas para comprar un pan en una casa sin ventanas. Namasté a la enésima potencia: “Abraza la luz, abraza el presente, abrázate, eres una con el universo”. Sentirte una pendeja y freírte unos patacones con huevo frito. Tomar antiácidos. Llorar.

Intentar escribir algo más o menos sensato. Evitar las ganas de fumar hasta después del mediodía. No conseguirlo. Imaginarte en un aeropuerto con destino a un lugar cálido y con playas. Imaginarte emocionada por algo. Pensar que quizás el mundo nunca más vuelva a ser lo que conocías. Escuchar Fleetwood Mac en Loop. Lavar los platos. Poner una lavadora. Ducharte. Tomar los antidepresivos. Dudar de si están funcionando. Ver el último video estúpido de los antimascarillas. Pensar que esto no se va a acabar nunca.

Agonizar toda la tarde como una vela barata.

Dormir mal y con pesadillas.

Despertarte. No querer despertarte. Despertarte igual.

Autor

Acerca de María Fernanda Ampuero

(Guayaquil, 1976). Escritora y periodista. Su último libro es Sacrificios Humanos (Páginas de Espuma, 2021).
SUS ARTÍCULOS