El racismo puede enfermar(nos)
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El racismo puede enfermar(nos)

El racismo pude incidir directamente en la salud, y no solo por la brecha educativa y salarial, sino por el trato que reciben las personas de raza negra, especialmente. 

El doctor David R. Williams ha investigado el tema durante décadas y ha concluido que factores como la percepción social, la segregación y el maltrato inciden directamente en que los individuos de raza negra vivan menos o desarrollen enfermedades prevenibles con mayor frecuencia. 

En una charla TED, Williams explica que cada siete minutos una persona negra muere prematuramente en Estados Unidos, lo que significa que doscientas personas negras mueren cada día “y que no morirían si la salud de blancos y de negros fuera igual”. Para el especialista, el tema va más allá de la situación económica y educativa pues, independientemente de ello, los blancos viven más que los negros. Pero “lo más sorprendente de todo es que los blancos que terminaron la escuela secundaria viven más que los negros que obtuvieron licenciaturas o más títulos universitarios”.

Entonces, ¿por qué la raza es tan importante para la salud? ¿Qué hay, además de la educación y del ingreso económico, que pueda ser tan importante? Williams estudió el tema a profundidad y evidenció que existen dos escalas que determinarían este fenómeno. 

La primera se relaciona con experiencias graves de discriminación, como ser despedido injustamente o ser detenido por la policía sin motivos. La segunda ocurre en experiencias menores y más sutiles y se denomina Escala de discriminación cotidiana. En esta se incluyen experiencias como ser tratado menos amablemente que otros, recibir peor servicio en tiendas o restaurantes o ser temido por la gente que te rodea. “Esta escala captura maneras en las que la dignidad y el respeto de las personas a quienes la sociedad no valora son socavados cotidianamente”, apunta Williams.

La investigación concluyó que los niveles de discriminación más altos están asociados con un riesgo elevado de un amplio rango de enfermedades, desde presión sanguínea elevada, obesidad abdominal, cáncer de mama, enfermedades cardiacas hasta muerte prematura. Sorprendentemente, algunos de los efectos se observan a edades muy tempranas. Por ejemplo, un estudio sobre adolescentes negros reveló que aquellos que sufrieron mayores niveles de discriminación tenían niveles más altos de hormonas de estrés.

Pero también influye la atención médica, pues otro estudio de Williams comprobó que la comunidad negra y otras minorías reciben atención médica de peor calidad y aquello ocurría con todo tipo de tratamientos, desde el más simple hasta el más sofisticado. Según el autor, una explicación para este patrón es el fenómeno “prejuicio implícito” o “discriminación inconsciente”, que indica que “si tienes un estereotipo negativo sobre determinado grupo en tu subconsciente y te encuentras con alguien que pertenece a ese grupo, vas a ejercer discriminación hacia esa persona y tratarla de manera diferente”.

David R. Williams desarrolló una escala para medir el impacto de la discriminación en el bienestar.

También está la discriminación institucional, que es la que ocurre en las instituciones sociales. La segregación residencial por raza, que ha llevado a que negros y blancos vivan en contextos barriales muy diferentes, “es un clásico ejemplo de racismo institucional”, pues “es la fuente secreta de la que nace la desigualdad racial”, apunta Williams. Esto debido a que el lugar donde se habita determina en gran medida el acceso a oportunidades de educación, de trabajo, de vivienda e incluso de atención médica.

En el Ecuador la realidad no es muy distinta. Según la ONU, los pueblos indígenas y las comunidades afroecuatorianas muestran peores indicadores de salud que el resto de la población que vive en el país. Además, según cálculos de la Cepal, en comparación con tres países de Sudamérica, en el Ecuador es donde existe mayor prevalencia de pobreza para la población afrodescendiente (42 % del total). Por ello, la ONU considera que la inversión en salud en el país debería continuar enfocándose en asegurar servicios disponibles, accesibles, aceptables y de calidad para todas las personas.

¿Pero cómo se puede mejorar la situación desde nuestro espacio personal? La profesora Patricia Devine de la Universidad de Wisconsin cree que lo principal es hacer frente a nuestros prejuicios escondidos y efectivamente reducirlos, con lo que “cada uno de nosotros puede ser una ola de esperanza”.

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