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Mundo Diners al día

¿Sigue la 'farra' en Quito?

por José Luis Barrera

Desfile en Quito, años sesenta.
Los desfiles como el de la Confraternidad se convirtieron en una parte central de las Fiestas de Quito.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Otro año, otras Fiestas de Quito. Sin embargo, aparte de los bailes y las chivas -esos camiones desnaturalizados y sin banda musical a bordo-, ¿se parecen en algo estas celebraciones a las de antes?

La historia de las fiestas de la capital ecuatoriana es acaso tan imprecisa como la de su fundación, al fin y al cabo, la fecha escogida, el 6 de diciembre, en realidad no corresponde a la primera vez que un Quito apareció en los registros de los conquistadores españoles. Así, la primera tenía como nombre de pila Santiago y estaba cerca de lo que hoy es Riobamba. Su acta de nacimiento certificó: 28 de agosto de 1534.

Alrededor de tres meses más tarde, Sebastián de Benalcázar dio la orden de fundar el Quito que aún sigue en pie trocando a Santiago por San Francisco, en honor de un personaje mucho menos santo que el de Asís: Francisco Pizarro.

El pasado

Plano de Quito colonial.
En el Quito colonial era pequeño y las celebraciones solían arrancar en el Arco de la Reina, es decir, la entrada sur de la ciudad.

Con aquel enrevesado nacimiento es lógico que escoger una fecha para los festejos de la ciudad fuese un completo quebradero de cabeza. Por eso, en tiempos de la colonia solo se celebraba a Dios y al rey o sus representantes.

La Virgen de la Merced, el Corpus Christi, la coronación de un heredero en Madrid o la llegada de alguna autoridad eran los motivos principales por los que la gente salía a las plazas para bailar fandangos o asistir a corridas de toros -que se hacían en plena ciudad y no en un coso-.

Se consumía aguardiente y era tan explosiva la combinación con la música que hasta uno que otro obispo amenazó con excomulgar a todo aquel que se atreviese a participar de parrandas donde lo sagrado mutaba en profano.

Varios exploradores -por ejemplo: los franceses de la misión Geodésica o el británico William Stevenson- quedaban sorprendidos porque incluso el clero aparecía en la calle con panderetas y sin miedo al castigo divino.

Quito no era el convento que sugieren las mil y una cruces de la ciudad antigua; de hecho, en el siglo XIX y con la revolución independentista tocando la puerta, el sabio payanés Francisco José de Caldas escribió indignado:

El aire de Quito está viciado. Aquí no se respiran sino placeres. Los escollos de la virtud se multiplican y parece que el templo de Venus se hubiera trasladado de Chipre a esta parte.

Fiestas de Quito

Dúo Benítez Valencia cantando en la calle La Ronda de Quito.
Serenata del dúo Benítez y Valencia en la calle La Ronda. Foto: cortesía.

Terminada la Audiencia de Quito, las principales celebraciones del calendario local, seguían siendo las religiosas, además del 10 de agosto y del 24 de mayo, toda vez que la Independencia pasó a ocupar el espacio que antes tenían los reyes…

Pero la celebración del 6 de diciembre tuvo que esperar hasta el siglo XX para ver la luz. Y la culpable fue -como siempre- la prensa.

En noviembre de 1959, después de una partida de cartas, César Larrea y Luis Banderas, periodistas del diario Últimas Noticias y de El Comercio, junto a los músicos Gonzalo Benítez y Luis Alberto Valencia, se preguntaron por qué la capital no tenía un gran baile.

Y es que las conmemoraciones por la Independencia tenían la cara torva de los desfiles militares y de los embanderamientos, pero nada de jolgorio. Así que aquellos complotados propusieron una serenata para el 5 de diciembre, previo a la reunión solemne del Cabildo -lo único que se hacía el día 6-. La convocatoria la hizo Últimas Noticias y cuajó tan bien que al año siguiente se oficializó la fiesta con el apoyo del alcalde Jaime del Castillo.

Con el paso del tiempo, el festejo incorporó diversos elementos: los bailes con orquesta en las calles (1960), la Feria Jesús del Gran Poder (1960), el Desfile de la Confraternidad (1965), la elección de la reina de la ciudad (1966) y el Campeonato Mundial de Cuarenta (1969).

Siglo XXI ¿un epílogo?

Baile en las Fiestas de Quito al pie del Palacio de Carondelet.
Fiestas de Quito 2016 en la Plaza de la Independencia. Foto: cortesía.

Las Fiestas de Quito alcanzaron un periodo de gran intensidad en la última década del siglo XX y la primera del XXI. Alrededor del coso de Iñaquito, la ‘farra’ enloquecía a los capitalinos y los bailes en las calles dejaron espacio a discotecas y bares que permanecían atestados la noche del 5 de diciembre.

Sin embargo, las corridas de toros, que entonces eran un eje de la celebración, estaban también en el centro del debate por temas como la violencia, el maltrato animal o su origen. Esto llegó hasta el punto de que en el referéndum de 2011 se planteó prohibirlas; dicha opción ganó y la Feria se hizo sin muerte del toro solo una vez más ese mismo año.

Quedaron algunos eventos tradicionales -el cuarenta, el desfile, los coches de madera, la elección de la reina-, además de conciertos en el espacio público. Mas, las generaciones nuevas seguían planteándose la pertinencia de esta celebración. Y crisis tras crisis, la Fiesta de Quito empezó a decaer.

Luego vino la pandemia de 2019 y 2020 y, tras ella, el resurgimiento, acaso alentado por la necesidad de volver a encontrarse con un vecino que, por el confinamiento, se convirtió en un desconocido.

De cualquier manera, la pregunta es: ¿se parecen en algo estos 6 de diciembre a los de sesenta años atrás? Quizá no, pero la Fiesta mantiene la esencia que es conocer al que vive al lado y estrecharle la mano; esto, en una ciudad que pasó en menos de un siglo de 500 mil habitantes a 3 millones que nunca se ven, parece imprescindible.

Cancionero ineludible

A continuación, ofrecemos tres canciones tradicionales de Fiestas de Quito para acompañar las celebraciones:

  • El chullita quiteño, compuesta por Alfredo Carpio Flores a mediados del siglo XX, es prácticamente el ‘himno’ de las fiestas; hace un homenaje a los barrios capitalinos tradicionales y, por supuesto, al ‘chulla’, un personaje local que vive entre el humor y la tragedia.
  • La tuna quiteña arranca con “En el santo del Quintana vamos a pasar muy bien. Asómate con tu hermana para tomar lo que den”, y también es de los años cincuenta; su letra cuenta cómo era la ‘farra’ de la ciudad en ese tiempo, incluyendo a los asiduos de ella: Quintana, por ejemplo, era el dueño de la fonda El Desafío en la calle 24 de Mayo y solía ser muy generoso, de manera que hasta era posible consumir gratis en su local si se acertaba a visitarlo durante su santo.
  • Lindo Quito de mi vida es un pasacalle compuesto por un ‘extranjero’ de Babahoyo que se ‘nacionalizó’ quiteño por obra y gracia de la música: Custodio Sánchez; aunque estuvo en Guayaquil la mayoría de su vida, en 1948 pasaba una temporada en la capital y el 23 de mayo compuso la pieza que después sería infaltable en la Plaza de Toros cuando algún aficionado la exigía a la Banda Municipal gritando: “¡toquen trompudos!”

Para escuchar un ‘mix’ musical por Fiestas de Quito, le invitamos a pinchar este enlace.

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