Edición 451 – diciembre 2019.
A todos nos ha pasado. Escuchamos una canción y, de repente, se nos eriza la piel. Puede ser una melodía conocida o una nueva, el efecto es el mismo: un escalofrío recorre la piel y hasta dan ganas de llorar.
¿Por qué la música tiene ese efecto? Mucho se ha estudiado al respecto y hoy existen algunas claves para entender cómo y por qué nuestro cuerpo y cerebro reaccionan ante estímulos musicales.
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