En la Corea del Norte de finales de los setenta, Kim Jong-il, hijo del líder supremo, se empeñó en hacer que la industria cinematográfica de su país fuese una potencia mundial. Para lograrlo recurrió al secuestro de dos estrellas surcoreanas, a quienes obligó a filmar Pulgasari, una película sobre un monstruo capaz de devorar personas y destruir ciudades.

Desaparecidos en Hong Kong
El director de cine surcoreano Shin Sang-ok llegó a Hong Kong en 1978; iba a encontrarse con su exesposa, la actriz Choi Eun-hee, para hablar con un grupo de inversores que deseaban apoyarlos en la formación de una productora de películas. Ambos habían recorrido por separado varios países en busca de proyectos, pues las puertas del suyo estaban cerradas desde que estrenaron varios filmes con aroma erótico y desafiante.
En Hong Kong nadie había escuchado de Choi Eun-hee ni de los inversionistas. Shin Sang-ok se puso a investigar, hizo llamadas, habló con gente del medio local y del surcoreano. Nada.
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