La mejor chef pastelera del mundo viene de una familia cuencana tradicional, en la que las mujeres lucharon para tener voz y destacarse. Su personalidad inquieta, curiosa y rebelde le permitió innovar y sorprender en la cocina dulce, en la que parecía que todo estaba dicho.
La abuela y el premio
Nunca el no en la cabeza, le repetía su abuela Esthela a Pía Salazar, la ahora mejor chef pastelera del mundo. Matriarca y nieta conversaban a medida que subían, de la mano, los siete pisos del edificio familiar en la conservadora Cuenca. En la última planta la abuela regentaba una gran cocina dividida en tres áreas y con un comedor acorde para acoger a los seis hijos y cerca de dos decenas de nietos.
Salazar recuerda estas escenas con nostalgia y con orgullo. Viste un saco de lana azul, pantalones de mezclilla y zapatos deportivos. Llega a la cita en Nuema, el restaurante que fundó en 2014 junto a su esposo, el chef Alejandro Chamorro. Va directo a la cocina y le recuerda a su equipo que hay que ordenar esto y aquello, y que hay que llamar al jardinero. “Ya llegó”, dice alguien a modo de respuesta pícara. Hay familiaridad. Pasan juntos cerca de doce horas diarias.
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