Zoila Ugarte de Landívar, la primera periodista ecuatoriana, fue la roca que cimentó la participación femenina en el debate público. Este artículo recuerda a quien, con voz volcánica, convirtió el periodismo en defensa y la escritura en un gesto de emancipación.
Era un volcán, aunque en las fotografías pareciera un pájaro oscuro. Hablaba con el tono audaz de la Costa —nació en El Oro (El Guabo, 1864-Quito, 1969)—, enseñaba, dirigía, polemizaba; ese era el magma de lo que fue. Cuando se le acababan las hojas limpias, escribía en papel de estraza, en fundas de caramelos, en los bordes de los diarios, donde fuera: cualquier superficie la asistía. Su escritura era obsesiva. Ante la amenaza, se mantenía erguida, resistía.
La mañana del 15 de abril de 1905 llovía, y el día gris era una roca redonda y perfecta. Hacía frío, pero el escritorio, donde Zoila Ugarte de Landívar se inclinaba, ardía. En la habitación, sobre la mesa, resonaba solo el crujido tenue de las páginas al pasar entre los dedos. Olía a tinta, a papel nuevo y al sudor de la espera.
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