Skip to main content

Sinéad O’Connor sin pelos en la lengua (ni en la cabeza)

por Redacción Mundo Diners

Sinéad O’Connor
Video de "Nothing compares 2U"

Sinéad O’Connor murió en julio de 2023. Fue, para muchas personas, la mayor cantante irlandesa de pop-rock. Su legado son diez discos de estudio, reiteradas denuncias en contra del abuso infantil y varios actos de protesta. Hoy podemos recordar cómo usó el cabello en función de sus posiciones religiosas, políticas o espirituales en cada etapa de su existencia terrenal.

Juan Sebastián Martínez

Sinéad y su cabeza tímida

A los doce años, O’Connor intentaba pasar desapercibida en su propia casa. Lo hacía para evitar los golpes e insultos que le propinaba su mamá. Pero, de cualquier forma, la madre terminaba fijándose en ella y agrediéndola.

“Mi madre era una mujer muy infeliz y violenta”, diría Sinéad, una década más tarde, al periodista Bob Guccione. También le contaría cómo fue golpeada por ella. Y cómo la encerraba en su habitación durante días, con poco alimento y sin ropa. Junto a esas torturas, la madre le solía gritar que era sucia, asquerosa, pervertida… y que por culpa suya se había divorciado de su padre. Luego de insultar a Sinéad y a sus otros hijos, se iba a recostar sola en su cama matrimonial. Ahí, en silencio, le pediría a Dios un mejor destino, pues era creyente. Hasta el último día de su vida, tuvo colgada la foto de Juan Pablo II en una pared de su dormitorio.

Debido a tanto castigo, Sinéad odiaba su vida, repudiaba la escuela y empezó a robar. Además, se miraba al espejo y veía a un ser insignificante, feo. Pero ese ser estaba desarrollando un talento extraordinario para el canto y la composición. Solo faltaba quien la impulsara. Y, ¿gracias a Dios?, apareció. Fue en el internado católico en el que entró años después. Allí, una voluntaria le dijo que debía intentar un futuro en el mundo de la música.

Sinéad buscó la forma de dedicarse al canto. En 1985 formó una banda de rock. Ese mismo año murió su mamá. Entonces ella dejó la agrupación acusando a los demás miembros de no haberla acompañado adecuadamente en el duelo —al fin y al cabo, había quedado huérfana—. En plena tristeza entró a la recámara de su madre y descolgó la fotografía del papa. Se la llevó a su casa y cayó en una profunda crisis. Como producto del trance decidió iniciar su carrera solista.

Sinéad y su cabeza rapada

Sinéad O’Connor
Fotografía: Alamy Photo Stock.

En 1987 logró grabar un primer álbum de estudio. Tenía veintiún años. Cuando el disco estaba por salir le pidieron una sesión de fotos para crear la imagen de la cantante. O’Connor se podía convertir en una estrella pop de los ochenta y se esperaba que luciera como tal. Las estrellas ochenteras usaban peinados exuberantes. El público estaba acostumbrado a verlas provocativas y esplendorosas en las portadas de sus discos. Eso vendía.

Pero Sinéad tenía un problema con eso. Su pelo era tímido, ni largo ni corto, y ella se sentía cómoda llevándolo así. El corte reflejaba su personalidad. En aquellos años ella no podía ni siquiera mirar a una persona a la cara. Por otra parte, la música de aquel álbum no tenía el estilo para una cantante encopetada. Sin embargo, los ejecutivos insistieron en que Sinéad apareciera en la portada del disco y en futuras intervenciones públicas ataviada con ropa sensual y, por supuesto, con un peinado, digamos, a lo Madonna.

La respuesta de la cantante fue cortarse el pelo hasta dejar la piel semidescubierta. Más adelante, le diría a Guccione: “Afeitar mi cabeza no fue un acto meditado. Pienso que lidiar con el cabello es algo insignificante. Pero también creo que es una forma inconsciente de protestar, de ir en contra de todo lo que la palabra familia significa”.

La portada de aquel disco la mostraría con ese corte y con una camiseta sin mangas y sin gracia. Nada de tacos ni faldas ni blusas de diva. A pesar de ello, ese primer disco logró aceptación mundial. El público recibió la música y la voz de O’Connor con entusiasmo. Luego, su cabeza rapada devino en una insignia que la disquera supo explotar con eficacia.

Sinéad y su cabeza dura

Si bien su apariencia fue aceptada por unos, también fue criticada por otros, entre estos la reina del pop, Madonna, quien llegó a decir que O’Connor se había afeitado con una cortadora de césped y que era tan sexi como una persiana. A lo que Sinéad comentó, en una entrevista para la revista Spin: “A Madonna la admiran como si fuera una luchadora en favor de los derechos de las mujeres, y ella ahora injuria a otra mujer porque no es sexi”.

Similares cruces de palabras tuvo posteriormente y, hasta el final de sus días, con varias estrellas roqueras. Esas polémicas estaban relacionadas con la forma en la que la artista veía al pop-rock: un modo de dar a conocer realidades, de ensañar cómo es la vida de algunos y no un simple medio de esparcimiento. Entre las historias que quiso difundir estaba el maltrato que recibió por parte de su mamá, intuyendo que millones de personas se conectarían con su arte por haber soportado también a progenitoras desequilibradas y violentas.

Sinéad dedujo, con el tiempo, que la agresividad de su madre había sido causada por el dolor de haber sufrido vejaciones en la niñez. Luego le pareció obvio concluir que los problemas de la humanidad empiezan con el maltrato infantil y, por eso, empezó a defender, por medio de su música y de sus apariciones públicas, el derecho de los seres humanos a tener una infancia aceptable. Lo cual incluía protestar contra los conflictos bélicos y contra la institución religiosa que estaba permitiendo el abuso a los niños en Irlanda (y en otros países): la Iglesia católica.

El cabello cubierto y la imagen rota

La canción “Nothing compares 2 U”, versionada por O’Connor en 1989, se convirtió en una de las más escuchadas de la época. El track original había sido compuesto por Prince, un genio estadounidense; compositor, multiinstrumentista y cantante que adoraba usar copetes, tacos y blusas de diva.

El tema había pasado desapercibido cuando fue publicado por la banda de Prince; pero la voz melancólica de Sinéad, junto a las lágrimas que le brotaron en un primer plano del videoclip, hicieron que el público se enganchara con su interpretación. Aquella estrofa decía: “All the flowers that you planted, mama, in the back yard, all died when you went away”. Luego, Prince reaccionó al éxito de O’Connor: la invitó a su casa y, después de obligarla a comer una sopa repugnante, la insultó y la golpeó. O por lo menos eso es lo que ella dijo, aunque el músico siempre lo negó.

Sinéad O’Connor

En 1992 Sidney O’Connor rompió con la Iglesia católica luego de las noticias sobre los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y, años más tarde, se convirtió al islam. Fotografía: Shutterstock.

Sea como fuere, el asunto de agredir a Sinéad se tornaba deseable para algunas celebridades masculinas. Cada una esgrimía sus propios motivos. Frank Sinatra, por ejemplo, declaró: “Por su bien, será mejor que nunca nos encontremos”. Sinatra dijo esto luego de que la artista se negara a poner el himno a Estados Unidos antes de uno de sus conciertos.

Otro que también la provocó fue el actor Joe Pesci. Esto ocurrió en 1992, en Nueva York. Pesci dijo en un programa televisivo que a Sinéad “le habría dado una bofetada”. Se la habría propinado de haber estado frente a ella una semana antes, en el mismo programa —que se transmitía en vivo—, cuando O’Connor rompió una fotografía de Juan Pablo II frente a las cámaras para denunciar que en su país decenas de sacerdotes habían abusado a miles de niños católicos durante lustros.

Mientras la rompía, gritó: “Luchen contra el verdadero enemigo”. Su voz y sus manos vibraban, no solo por la denuncia que estaba haciendo, sino también porque esa foto era la misma que había decorado la habitación de su madre.

Algunos defensores de la Iglesia actuaron de oficio; aplicaron la ley del talión: montículos de cedés y vinilos de la cantante irlandesa fueron destruidos en una calle neoyorquina, ante los ojos de las cámaras y la dentadura de los transeúntes. Luego de la venganza, llegó la cancelación. O’Connor nunca tuvo otro hit como “Nothing Compares 2 U”. Esto, a pesar de que publicó excelentes temas y álbumes durante el resto de su vida. No obstante la condena y los años, su voz se mantuvo firme y guerrera. Su talento también. Pero no así el ánimo, que fue decreciendo hasta hundirla en una tristeza profunda e infinita. Luego llegaron las ideas e intentos de suicidio.

En 2018 buscó sosiego abrazando el islam. Por lo cual cubrió su testa con un velo y cambió su nombre. Intentó de todo, pero no encontró la paz que buscaba. Para rematar las puertas del infierno se le abrieron cuando su hijo adolescente se quitó la vida en enero de 2022. Ahora no solo cargaba con el recuerdo de haber sufrido a una madre cruel, sino que a eso le sumaba la pérdida desquiciante de un hijo.

Año y medio después, el 26 de julio de 2023, Sinéad O’Connor fue encontrada sin vida. Las autoridades descartaron que hubiera sido asesinada. Y no dijeron nada más. Algunos sospechamos suicidio. Pero, en enero de 2024, el forense declaró que la causa había sido natural. Fue el propio metabolismo el que se convirtió, a la hora postrera, en su killer de corte militar.

Etiquetas: