Petita Palma nació acunada por la marimba y lleva todos sus 97 años trabajando —cantando, bailando, componiendo— para preservar las costumbres y la memoria de la cultura afroecuatoriana. Esta es la historia de la folclorista esmeraldeña, honoris causa de la Universidad Católica.
Un 4 de marzo de 1927, en su bohío de Carondelet, San Lorenzo, Tomasa Piñeiros dio a luz. En manos de la partera y ante el apremio de su padre, Asención Palma, una niña pegó el grito en el cielo.
Su madre la llamó Petita. Los Palma, de Borbón y los Piñeiros, de remoto origen brasileño. Mediados del siglo pasado, en la mitad del olvido. Tienen una vida sencilla y sin sobresaltos: son parte de un entorno prístino y abundante.
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