A principio de los años 2000, León Febres-Cordero declaró que perseguiría al exmandatario Gustavo Noboa como perro con hambre. La imagen resumía la agresividad en la disputa política nacional y el genio y figura de Febres-Cordero. Un lustro antes, como expresión de esa rabiosa iracundia, Alberto Dahik ya lo calificó como el perseguidor número uno.
Lo insólito es que Dahik inició su carrera pública como colaborador durante la presidencia de este (1984-1988). Por las políticas económicas que puso en marcha como ministro de Finanzas fue llevado a juicio político: el Congreso resolvió censurarlo y destituirlo. No obstante, tuvo una tribuna para lucir sus conocimientos como economista y su habilidad para defenderse. Febres-Cordero lo mantuvo en su Gobierno.
El curso ulterior de la política los separaría. Dahik se propuso resucitar al moribundo Partido Conservador, asumió su dirección y fue elegido legislador. En el horizonte socialcristiano se perfilaba Jaime Nebot como el delfín de Febres-Cordero. Sixto Durán Ballén se desafilió del Partido Social Cristiano (PSC) y, encabezando el Partido Unidad Republicana (PUR), se juntó con Dahik en binomio electoral, que se impuso en el balotaje de 1992 a los socialcristianos.
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