
La cantante ecuatoriana Paulina Tamayo falleció este 21 de octubre de 2025. Tenía 60 años, de los cuáles 55 estuvo dedicada a la música. Compartió escenario con artistas como Juan Gabriel, Rocío Durcal y Los Panchos.
Paulina Tamayo empezó a cantar a los 5 años, cuando estaba en el jardín de infantes. Su vena artística venía de sus padres, pero se notaba más del lado de su mamá, ella fue la que guió sus pasos, en los inicios de su carrera. En su casa toda la vida se escuchó música nacional. Desayunaba con las canciones de los Benítez y Valencia, almorzaba con los temas de Carlota Jaramillo y se merendaba con los éxitos de Olimpo Cárdenas.
Una niña de otro mundo
Paulina Tamayo nunca fue una niña común. No le atraían las muñecas o jugar con otros niños. Si le daban a escoger entre muñecas o subirse a un escenario a cantar, obviamente elegía la música. Su vida estaba en los teatros.
Justo cuando cumplió 6 años le contrataron para cantar en el coliseo Julio César Hidalgo. Era la celebración de un año más de existencia del Aucas. En ese evento también estuvo Ernesto Albán. Él la escuchó cantar y luego se acercó a su mamá y le dijo que quería que forme parte del show de variedades de su compañía. Con el tiempo también participó en dos Estampas Quiteñas.
Ese mismo año ganó su primer premio, el Rumichaca de Oro. El trofeo que le entregaron era más grande que ella. Cuando quiso levantarlo el peso era tan grande que casi termina en el suelo. En esa ocasión cantó el pasillo 'Entrega final', ese que dice “¡Hoy te entrego mi vida, mujer envanecida!”.
Cuando terminó la gente estaba conmovida y lloraba. Luego entraron a su camerino a ver si no era enana, porque el timbre de su voz no era para el cuerpo de una niña. Desde que comenzó su carrera cantaba con sentimiento, como si ya hubiera sufrido un mundo.
A los 9 años viajó a Lima, invitada por la embajada ecuatoriana, para ser parte de un homenaje a doña Chabuca Granda. Cantó pasillos y valses y cuando interpretó Rebeldía, ella se puso a llorar. Luego preguntó cómo una niña de su edad podía cantar con ese sentimiento. Alguien respondió porque era una estrella y ella le corrigió y dijo que era un astro, porque las estrellas desaparecen, pero los astros duran toda la vida.

Amor por el pasillo
Desde muy joven, Tamayo descubrió que el pasillo es parte de la identidad de los ecuatorianos y que a nivel internacional nos reconocen por este género musical, aunque los albazos, los sanjuanitos, las bombas y los saltashpas también forman parte de nuestro cancionero nacional.
Paulina Tamayo lo tenía claro: Que nos guste tanto los pasillos no significa que seamos sufridores. "Las letras de los pasillos a veces hablan de cosas tristes, pero también nos alegran y nos acompañan. Si te pones a pensar hay gente que sufre con vallenatos, cumbias y hasta con el rock".
Si hay una canción con el que seguro sus fanáticos la van a recordar es 'La Canción de los Andes', un tema que en todos sus shows cantaba con el alma, pero que la regresaba a uno de los momentos más difíciles de su vida, la muerte de uno de sus hijos. Cada vez que interpretaba este tema solía llorar. Ella decía que siempre fue muy sensible y llorona y que eso le venía desde la cuna. También había otros temas que le arrancan lágrimas, como 'Esposa'.
Pero como su trabajo giraba alrededor de la música nacional, cuando estaba en su casa escuchaba boleros, tangos y baladas del recuerdo. Le encantan los temas del Trío Los Panchos, las canciones de Tormenta y de Henry Nelson.
Como muchos artistas, cuando Tamayo estaba en un escenario se sentía amada, respetada y acompañada por el público. Pero cuando termina de cantar esa magia se acaba. "Regresas al camerino y vas sintiendo esa soledad. Por suerte cuento con mi equipo y con mi familia, ellos logran que después de cantar la vida sea un poco más llevadera". Una vida llena de éxitos musicales como 'Avecilla', 'Collar de lágrimas' o 'Morena la ingratitud'.

