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Mundo Diners al día

Pablo D´Ors: literatura sin lecciones morales

por Natalia Consuegra

Pablo
Pablo D'Ors será uno de los invitados internacionales a la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Conversamos con el escritor y sacerdote español Pablo D´Ors sobre su libro 'Los contemplativos' y la manera en que ha combinado su vocación sacerdotal con la literatura, dos vías por las que logra conectar lo más oscuro con lo más luminoso de la condición humana.

¿Cómo conjugó en 'Los contemplativos' la dramaturgia, la teología y el trabajo pastoral?

Desde mi adolescencia yo tenía una gran vocación literaria, y a los 19 años llegó esta vocación religiosa, sacerdotal. Esa combinación ha sido un poco la historia de mi vida. Las dos vocaciones son muy exigentes y de alguna forma siempre he tenido que pelear por entregar lo mejor de mí a cada una. El título de mi tesis fue 'Teopoética. Teología de la experiencia literaria', en un primer intento de unir, al menos teóricamente, el arquetipo religioso con el arquetipo literario o artístico, que son distintos aunque sean afines. 

Y logró hacerlos compatibles…

Ahora he llegado a un punto de síntesis personal y ya no me tomo tan en serio ni la literatura ni el sacerdocio, porque ahora lo que me importa es la persona, es ser yo mismo; lo demás es accesorio. Ya no hago diferencia entre un acto literario y un acto espiritual o religioso, porque para mí se trata de una transmisión de energía bonita, luminosa, de la vida. Hoy ya no tengo ese conflicto, pero tuve que trascender el arquetipo del escritor y el del sacerdote, los dos muy poderosos.

Trascenderlos va de la mano con que hoy los lectores esperan otras cosas de este tipo de literatura, que tiende menos al moralismo.

Es que la literatura no se escribe para dar lecciones morales, sino para bucear en el fondo del ser humano. Por ejemplo, estos cuentos los emparento con 'El libro de los amores ridículos', de Milan Kundera y con 'Sauce ciego, mujer dormida', de Murakami. Son libros en cuya estela intento moverme porque creo que de alguna forma la que estoy escribiendo es una literatura luminosa. Yo miro a los personajes con compasión, no de manera despiadada, cruel o indiferente. La literatura y la prosa, sobre todo, se ha enamorado de lo oscuro y el narrador tiene que hacer justicia a la realidad, que es oscura pero también luminosa. 

¿Con eso apunta a otro tipo de literatura de crecimiento personal?

En esa etiqueta la gente mete la autoayuda, pero mis libros no son de autoayuda en sentido estricto. Ahí cabe una lectura literaria de 'Los contemplativos', por ejemplo, pero también cabe −y por eso escribí un prólogo de advertencia− una lectura más existencial, de preguntarse cada uno: ¿dónde estoy yo? Porque cada relato tiene un ámbito: el cuerpo, el vacío, la sombra, la identidad. Podemos hacer una reflexión existencial que, en el fondo, toda literatura de verdad la contiene. Aquí lo hago de manera más explícita porque creo que puede ayudar.

Su trayectoria

  • Fue profesor de Dramaturgia y de Estética Teológica en centros superiores de Argentina y España.
  • Fungió como consejero del Pontificio Consejo de la Cultura del Vaticano por designación expresa del papa Francisco.
  • Ofreció apoyo espiritual a enfermos y personas desahuciadas en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, experiencia que llevó a la escritura de su libro 'Sendino se muere' (Fragmenta Editorial, 2012). 
  • Su reconocimiento como autor llegó de la mano de la 'Trilogía del silencio, conformada por El amigo del desierto' (Anagrama, 2009-2015), 'Biografía del silencio' (Siruela, 2012), todo un fenómeno editorial, y 'El olvido de sí' (Pre-textos, 2013), un homenaje a Charles de Foucauld, explorador de Marruecos y ermitaño en el Sahara
  • Es uno de los invitados especiales a la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2024 (17 de abril a 2 de mayo).
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Uno de los aspectos más interesantes del libro es el espacio para sentimientos como la vergüenza y la culpa, y a la vez, la capacidad de ver el lado oscuro y luminoso de las cosas.

En los 30 años que llevo en el oficio de escribir todos los días, me torturé mucho porque pensaba que tenía que sacar de mí lo mejor y de alguna forma, sin querer, me presionaba demasiado... No sabía esperar la revelación que es la inspiración. En cambio, este es el libro que he escrito con más disfrute, quizás porque he llegado a un punto donde, si me sale, me sale y si no, pues renuncio a ello.

Al final, hablar de todo lo que está en el corazón humano es necesario e importante, sea bonito o feo. Yo he llegado a un punto en mi propia evolución personal en el que he aprendido con mi camino interior, espiritual, a no juzgar, sino a aceptar la realidad como yo soy, como son los demás. Es una mirada, digamos, muy acogedora. Creo que al escritor también le viene bien porque su libro se convierte en una casa común donde entra todo el mundo.

¿Cómo definiría o describiría el crecimiento personal y la espiritualidad hoy y a la luz de la literatura?

Hoy se habla muchas veces de espiritualidad sin Dios. No es mi caso porque sigo siendo una persona creyente, pero para hablar de espiritualidad me gusta hablar de trascender y de absoluto. En la medida en que el ser humano quiere ir más allá, no se conforma con lo que tiene, tiene un anhelo interior, una sed, y ese impulso de trascendencia es claramente espiritual.

Y luego, la palabra 'absoluto' tiene que ver con el mundo espiritual porque quiere decir 'soltar'. Somos espirituales en la medida en la que no nos agarramos a las cosas, a las ideas, a las creencias o a las personas, ahí de alguna manera vivimos más desapegados. Ese ejercicio de soltar te va haciendo una persona que va más hacia lo esencial, lo nuclear. 

Pablo D'Ors soltó esos arquetipos para escribir…

… Y no es tan fácil porque nos dan identidad. Cuando los solté descubrí una mayor plenitud. Para mí la literatura es una reflexión sobre la identidad humana con egos imaginarios. Es decir, todos mis personajes soy yo; los más agradables y los más desagradables. Son posibilidades existenciales que de alguna manera no he transitado históricamente y por eso las transito en la ficción, para experimentar. Yo creo que la literatura es un acercamiento a la verdad desde otra perspectiva, que es la ficción; no desde la reflexión ni desde la razón, sino desde la imaginación. 

Las historias en su libro no están ligadas necesariamente a lo religioso, sino a otras formas de realizarse espiritualmente y de crecer.

La religión tiene sentido si nos da espiritualidad, espíritu, vida, si nos alimenta el alma; si no, es simplemente una cosa cultural, en el mejor de los casos, y normalmente no pasa de ser ritualismo o folclor. Claro que la religión está muy vinculada con la espiritualidad, pero hay más fuentes de espiritualidad. Vivimos en una sociedad globalizada, intercultural y por ello, también interreligiosa. El cristianismo se está enriqueciendo −y debe hacerlo− de otras cosmovisiones, y viceversa. Vivimos en un mundo y en tiempo de síntesis en el que todos podemos enriquecernos mutuamente.

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Acerca de Natalia Consuegra

Pedagoga, creadora de contenidos culturales y correctora de estilo. Ha colaborado con la revista Publishers Weekly En Español.
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