
El 19 de agosto de 1839, Louis Daguerre presentó el daguerrotipo ante la Academia de Ciencias de Francia. A propósito de la celebración del Día Internacional de la Fotografía, le contamos un puñado de curiosidades alrededor del inventor que popularizó la imagen fija.
Sabio de la torre Eiffel
El ojo humano no alcanza a divisarlos por televisión pero ahí están. Son 72 apellidos grabados en oro, en la periferia del primer piso de la Torre Eiffel. La idea fue de Gustav Eiffel y reúne a los científicos, ingenieros e industriales franceses más relevantes de los siglos XVIII y XIX. Entre ese selecto grupo de nombres aparece el de Louis Daguerre.
Louis se convirtió en uno de los ‘72 Sabios de la Torre Eiffel’, básicamente gracias a un invento: el daguerrotipo, que permitió la producción masiva de imágenes fijas. Antes de 1839, este joven parisino había sido un pintor del montón y un respetado diseñador de escenarios. Sus primeros reconocimientos llegaron gracias a los dioramas.
Los dioramas -grandes murales en telas transparentes hechos con pinturas opacas o traslúcidas- se convirtieron en uno de los espectáculos más populares en el París de inicios del siglo XIX. Los que diseñaba Daguerre mostraban imágenes de paisajes naturales e interiores de capillas elaboradas con técnicas escenográficas.

Antes de la creación del daguerrotipo, las técnicas de revelado no permitían distinguir mayor cosa dentro de una fotografía. Todo cambió gracias a un evento azaroso. En 1835, accidentalmente, Louis dejó una placa expuesta en su armario químico y, días más tarde, encontró una imagen nítida; todo gracias al mercurio que se había evaporado.
El 19 de agosto de 1839, después de años de perfeccionar su técnica de revelado, Daguerre la presentó en la Academia de Ciencias. En medio de la multitud estaba el diputado y astrónomo Francois Arago, quien convenció al Gobierno francés para que comprara el invento de Louis a cambio de una pensión vitalicia anual de 6000 francos.
Desde ese momento y con ayuda de su cuñado Alphonse Giroux, Daguerre se dedicó a construir cámaras de daguerrotipo que se vendían por 400 francos. Los aparatos iban numerados y firmados. Entre los más entusiastas de aquellos años estuvieron los europeos y estadounidenses. Desde entonces, todos quieren salir en la foto.
Fotógrafos en los Andes
Uno de los estadounidenses que se enganchó con la fotografía fue Camillus Farrand. Este pionero de la fotografía estereoscópica hizo su primer viaje de trabajo a Sudamérica en 1857. Las investigaciones de Lucía Chiriboga y Silvana Caparrini estiman que estuvo en Ecuador alrededor de 1862 y que visitó varios lugares, sobre todo, de la Serranía.
En una de sus imágenes capturadas por Farrand aquel año, aparecen dos indígenas aguateros en Quito portando grandes pondos en sus espaldas. En 2009, la imagen se convirtió en la portada del libro ‘Un legado del siglo XIX. Fotografía Patrimonial Ecuatoriana’, publicado por el Instituto Ecuatoriano de Patrimonio Cultural.

La estancia de Farrand en Ecuador dejó vistas de Ibarra, Quito, Latacunga, Baños, Agoyán, Chimbo y Riobamba. En ‘Camillus Farrand: La invención de Melquiades’, Lucía Chiriboga y Lourdes Rodríguez cuentan que en cada lugar al que llegaba juntaba a los pueblerinos y les asombraba con la proyección de las imágenes que obtenía.
Uno de los lugares que se empeñó en fotografiar fue el cráter del Pichincha, donde pasó más de una semana. Allí, su estancia coincidió con un clima nublado. Aunque esperó que mejorara, solo logró tomar unas cuantas fotos parciales de las pendientes internas. En total, se calcula que de Ecuador hay medio centenar de fotografías suyas en archivos.
Otro de los que capturó los paisajes del país fue Rafael Castro y Ordóñez. Este dibujante y fotógrafo español llegó al país como miembro de la Comisión Científica del Pacífico (1862-1866). El grueso de su trabajo son fotografías de Guayaquil, que por aquellos años también estuvo en el radar del catalán Ricardo Tossell y del francés Eugene Manoury.

