
El escritor chileno Antonio Skármeta falleció el pasado 15 de octubre. En su basta producción literaria destacan novelas como: 'Los días del arcoíris', 'La boda del poeta', 'No pasó nada' y ‘Ardiente Paciencia’, esta última inspiró la película ‘El cartero’, ganadora del Oscar a Mejor banda sonora en 1996.
En 2004 Mundo Diners publicó esta entrevista con el escritor:
Resfriado. Mucho calor. Skármeta tiene algo de gato Gardfield, de dibujo, de juguete. Moviliza una energía formidable, a pesar del resfrío. Jazzero fino, se le ha quedado pegada una canción: You make me feverich.
Premio Médici 2001, un millón de lectores en 27 idiomas, sus obras completas ya en edición de bolsillo, hace poco ha vuelto de ser embajador de Chile en Alemania, su país de exilio. El baile de la Victoria obtuvo el Premio Planeta de novela en España, con una bonita cifra en euros y un tiraje de 210 mil ejemplares la primera edición.
Antonio Skármeta habla con la misma pasión de siempre: gesticula, se irrita con una pregunta, ataca una galleta con puntitos de colores. Su inocencia, su enigma, es verse siempre irreductiblemente-insultantemente feliz. Como si entre los escritores perteneciera a una especie de la cual fuera el único y carísimo ejemplar.
"Puedo bailarte una pena, pero no llorarla", dice Victoria, la estudiante de ballet de su premiada historia. Es una novela de exconvictos, con caballos de hipódromo y cuchillos de cárcel: entre los rudos personajes, Victoria, 17 años, flor de fango, que diría Gardel.
El baile de la Victoria es un tema de posguerra. De posdictadura, porque de una dictadura de 17 años no se convalece de un día para otro. "Es totalmente una minúscula pendejada en la historia del universo que un grupo de maestritos te echen de la escuela pulverizando tu vida y cagándose en el sueño de tu padre. Si es así, significa que los que lo mataron vencieron. Que te ganaron a ti. Que lo borraron del mapa", le dice a Victoria el buen chico –Angel Santiago- en esta novela de 376 páginas que se lee a una velocidad inusual.
EN EL CAMINO
A la misma edad de Victoria (y antes de estudiar filosofía y literatura en la Universidad de Chile y graduarse en Columbia University, con una tesis sobre Julio Cortázar), Antonio Skármeta hizo un viaje formidable: llegó sin un dólar hasta San Francisco, acaso con el secreto motivo de escribir La cenicienta en San Francisco, un cuento radiante donde aparecen los Copetta, su tribu croata. El autor de Desnudo en el tejado, Soñé que la nieve ardía, El cartero de Neruda, ha dicho que sus historias son como los aviones: despegan, vuelan y aterrizan.
El baile de la Victoria es finalmente una derrota ¿no?
No. Como todas las cosas, tiene muchas aristas, no es que tenga un revés o un derecho. Como los diamantes brillan en distintas direcciones, aquí hay también zonas opacas y zonas luminosas. Por eso se escribe una novela, para trabajar con una complejidad de elementos. En esa pugna de las luces a la sombra, los claroscuros, los infinitos matices.
Se ha dicho que esta novela es un thriller, ¿tú la sacarías de cualquier clasificación de género?
Sí, yo saco El baile de la Victoria de cualquier clasificación porque he publicado muchos libros, y ensayos, y yo seguí un camino propio, distante de las modas. No soy lector de novela negra, ni de policiales, no soy adicto a clasificar libros en determinado género. Yo he fundado para mí una propia estética, la estética del realismo poético.
Estos personajes que vienen de la cárcel resultan muy creíbles, y al mismo tiempo son literarios, son de ficción, ¿por qué los elegiste? ¿Cómo fue tu trato con esa "mafia"?
Esta es una novela que transcurre en el Chile contemporáneo, es una ficción sobre el Chile contemporáneo. Un Santiago que se parece al Santiago real, pero que no tiene por qué ser una copia realista. Toda propuesta literaria es una metáfora de algo, y aquí hay un Santiago metafórico. Y dentro hay un gran tema: el de una enorme marginalidad activa en la realidad-real. La delincuencia, la marginalidad. No todos se han subido al jet de la modernidad y hay una insensibilidad, un abandono en muchos seres maravillosos y heridos. Esos son mis protagonistas.
Yo estoy vinculado con la historia de mi pueblo desde muy niño, he visto afectada mi vida y la de mi familia por brutales represiones, he asistido a la reconstitución democrática, la he representado diplomáticamente. Y veo muy nítidamente que el camino que sigue el país significa una enorme exclusión. No sólo exclusión económica, sino una exclusión de afectos. Aquí no hay la suficiente compasión para todos los que han sufrido, no hay suficiente recuerdo para todos los que no quieren olvidar, no hay suficiente ternura para los que más la merecen, hay una obsesión por el triunfo económico con la cual la mayoría de la gente no se identifica.
¿Cómo ves la típica envidia de los chilenos frente a sus mejores escritores?
Yo no he advertido ninguna envidia de parte de los chilenos. No. Los chilenos son seres muy generosos, muy sensibles, están educados en una tradición poética maravillosa, con dos premios Nobel, Neruda y Mistral, los chilenos son seres muy dulces, no he sentido ninguna envidia. Además ¿qué he hecho yo para ser envidiado?
¿Cómo te cae la crítica local y la crítica en general?
He de decir con toda sinceridad que me resultan muy simpáticos los críticos a los que les gusta mi obra (se ríe).
Cuando tú eras adolescente, te fuiste a San Francisco, en un viaje tipo Roberto Bolaño, o Matta, o Kerouac.
Yo salí del liceo a la aventura cuando sentí que mi vocación era la de escritor. La sensibilidad de un escritor se afina cuando se expone a nuevas situaciones. Mientras más desprotegido está un escritor en el mundo, más cerca se encuentra de las situaciones en que están todas las personas. El mundo está lleno de personas desprotegidas, violentadas, empobrecidas y que a pesar de eso llevan vidas maravillosas, esa es mi experiencia.
Estando en la ruta, viajando sin recursos, escuchando jazz, hablando con poetas, leyendo..., los viajes amplían tu alma.
En El baile de la Victoria la "sección erótica" es muy explícita. ¿Por qué hablaste de sexo tan directamente en esta novela?
Eso está vinculado al desarrollo dramatúrgico de estos personajes. Por la ternura que sienten, la calentura, la pasión que los lleva a una escena de amor, esa escena será tan lúdica, directa o imaginativa como ellos son, no son escenas de sexo por el sexo.
Pero me parece que esas escenas contienen algo de provocación.
No, nada; yo creo que el sexo y las situaciones sexuales y cuánta franqueza haya en las imágenes que los amantes se propongan, depende exclusivamente de su carácter. Allí hay una parte en la que mientras están haciendo sexo, la muchacha está repasando una lección que tiene que dar al día siguiente. Para ella es cosa de vida o muerte. Si le va bien en el examen, se le abre un camino en la vida como bailarina; si le va mal, probablemente vaya de sordidez en sordidez. Entonces, aprender tiene otro valor, es la persona que amas la que te pregunta, y eso les permite a los dos tanto hacerse mutuamente un examen como hacer el amor.
¿Cómo fue ser el embajador Skármeta, en Alemania?
Trabajé tres años de embajador, hice una gestión notable, que tuvo las tres condecoraciones máximas que puede dar el gobierno alemán: la medalla Goethe, recibí el premio Hansa de intercambio entre los pueblos, y en noviembre el presidente de la República Federal Alemana, Johanes Rau, me entregó personalmente, aquí en Chile, la gran Cruz al Mérito... Ahora, a mí me gustaría hacer un programa como el Show de los Libros (que dirigió durante ocho años) pero con visibilidad internacional. Porque si aquí, en este momento, yo quisiera hacer una nota sobre mi amigo Paul Auster, muy probablemente un redactor me preguntaría ¿pero quién es Paul Auster, y por qué le va a interesar a los chilenos Paul Auster?
Eso desalienta un poco, y en Chile, que tiene una vocación económica de grandes tratados internacionales, la situación en lo cultural es exactamente inversa: está en un provincianismo catatónico, pavoroso.
Pero tú eres optimista...
Muy optimista, pero también realista. Pienso que el arte le otorga a la vida ráfagas de sentido. Sólo ráfagas de sentido. En El baile de la Victoria los personajes tienen un proyecto de vida, y en el momento en que están complotando para llevar adelante ese proyecto, hay un proyecto mayor que los llama a ellos para poner en juego sus vidas.
Como cuando Ángel Santiago le pregunta a Victoria "¿qué somos nosotros? ¿qué somos?"
"Estamos juntos", cita con voz ronca el propio Skármeta. Esa es la respuesta.

