
La etóloga Jane Goodall falleció el pasado 1 de octubre, a los 91 años. Su trabajo con chimpancés cambió la forma en la que los seres humanos nos relacionamos con otros animales. Su legado trascendió la ciencia y se coló en la cultura popular.
¿Quién era Jane?
Goodall fue etóloga especialista en chimpancés, fundadora de un Instituto que lleva su nombre, Mensajera de la Paz de la ONU, Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico, conservacionista, activista y humanitaria. Nació en Londres en 1934, pero vivió su infancia y adolescencia en Bournemouth, en el sur del país, rodeada de animales. De niña, las historias de Tarzán y Dr. Doolittle sembraron una semilla en su interior: soñaba con ir a África y escribir sobre las criaturas que encontrara en ese continente.
Según la web del Instituto Jane Goodall, en 1957 viajó a Kenia invitada por una amiga del colegio. Su destino, su vocación, su llamado -aquella razón para vivir que no todas las personas tienen la fortuna de encontrar- se cristalizó cuando en la estadía conoció al paleoantropólogo Louis Leakey.
En 1960, Leakey la invitó a trabajar con él, a pesar de que ella no tenía estudios universitarios en el campo: la misión consistía en ir a Tanzania e investigar a los chimpancés de Gombe, algo que nunca antes se había hecho. El objetivo era obtener una visión más precisa de la evolución humana.
Lo que observó Goodall en Gombe echó por tierra lo que se consideraba que era la naturaleza animal. “Un día de otoño de 1960, vio al chimpancé David Greybeard quitando las hojas a unas ramitas para diseñar una herramienta y poder cazar en un nido de termitas. Hasta entonces, los científicos pensaban que el ser humano era la única especie que hacía y usaba herramientas”. La respuesta de Leakey ante el informe de Jane es famosa: “Ahora deberíamos redefinir “herramienta”, redefinir “hombre” o aceptar a los chimpancés como “humanos”.
Aparentemente, lo único que hacía falta para derribar o cuestionar tantos paradigmas era que una persona como Goodall se dedicara a observar y que enfocara a quienes observaba como seres iguales a ella, de cerca, sin atribuirles inferioridad y, más importante aún, sin atribuirse superioridad. En una ciencia cada vez más regida por artilugios y nuevas tecnologías, Goodall supo siempre que la herramienta más poderosa es la acción de observar.
Pero no se detuvo en el trabajo en el campo: creó canales para comunicar lo observado; para revertir el deterioro del planeta y el agotamiento de sus recursos debido a la intervención humana; para promover el bienestar animal, las iniciativas educativas, la conservación de sus hábitats a través de la articulación de las comunidades locales, y para defender los derechos humanos.
Su influencia, algo no tan usual para los científicos que conviven con primates, se extendió hasta la cultura pop: además de ser sujeto de reportajes, documentales y películas, apareció en un capítulo de 'Los Simpsons', lo que catapultó su trabajo a una nueva generación de audiencias. Además, cadenas como National Geographic crearon producciones centradas en Goodall y su trabajo.
Más sobre Jane Goodall
- Jane Goodall grababa lecturas de sus historias reales favoritas y pódcasts sobre sus amados chimpancés.
- Se oponía a la tauromaquia, a las granjas de pulpos, a los circos que utilizan animales, a los acuarios con delfines en cautiverio, a la explotación de caballos y al abandono de perros y de gatos.
- Una frase suya contundente es: “Si somos la especie más inteligente del planeta, ¿cómo es posible que lo estemos destruyendo?”
- Jane Goodall fue doctora en Etología por la Universidad de Cambridge. Debido a su extraordinario aprendizaje en terreno, fue una de las pocas personas admitidas sin haber cursado antes un pregrado.
- Publicó más de 30 libros e incontables artículos académicos.
Otros descubrimientos
A diferencia de los chimpancés estudiados en otras reservas y laboratorios, los de Gombe recibieron nombres: Goodall los trató como individuos; en consecuencia, revelaron sus personalidades diversas, sus particularidades intelectuales y las relaciones duraderas -cariñosas, compasivas, complejas- que se establecían entre los miembros de las familias.
Además, muy típico de ella, descubrió algo que hizo que se repensaran muchas concepciones acerca de los diferenciadores entre la humanidad y otras especies del planeta. Goodall registró una épica guerra de cuatro años entre los miembros de dos grupos, el grupo Kasakela (seguido por Jane) y el grupo Kahama, que se había desvinculado del primero y que terminó aniquilado por aquel. “Algunas hembras adolescentes fueron obligadas a unirse a la comunidad vencedora”, registra la web española del Instituto Jane Goodall.
Pero no solo las facetas violentas características de la humanidad se replicaban en los chimpancés. “En 1987, la doctora Goodall y su equipo de trabajo observaron al adolescente Spindle ‘adoptar’ a un huérfano de tres años, Mel, aunque el pequeño no era un pariente cercano. Spindle salvó la vida de Mel”, indica el portal.
No hay ciencia sin empatía
Jane estaba en contra de que las industrias del cine, del entretenimiento y de la publicidad utilizaran animales. “Solo usan a los chimpancés bebés en publicidad y otras formas de entretenimiento (los separan de sus madres para estos fines) porque, al acercarse a la madurez -explica en el portal de PETA-, alrededor de los seis u ocho años, se vuelven fuertes e indomables”.
También exigió a la Unión Europea no usar animales en experimentos y propuso crear un Premio Nobel para las nuevas pruebas que no involucraran a seres vivos y sintientes. “Lo que les hacemos a los animales desde su perspectiva, y probablemente desde la nuestra -dijo a PETA-, es moralmente incorrecto e inaceptable”.
En una entrevista de 2020 con The Guardian, Jon Watts -quien le recordaba a Jane a David Greybeard, su chimpancé favorito- le preguntó sobre la advertencia de ella de que si no se realizaban cambios significativos con respecto a la crisis climática, la humanidad sería obliterada.
“La ventana se está cerrando. Business as usual -utilizar los recursos naturales cada vez más rápido- no puede continuar. En algunos casos, ya estamos usando recursos más rápido de lo que podemos reponerlos. Y podemos ver las consecuencias. Mira el cambio climático. No es algo que quizás suceda en el futuro; ya estamos viendo huracanes, incendios e inundaciones terribles -respondió Jane observando cuidadosamente lo obvio, lo que los demás prefieren ignorar-. Está deviniendo un inferno”.

