Los estudios sobre la crítica literaria en el Ecuador han resaltado las aportaciones de varios investigadores desde inicios del siglo XX, como Espinosa Pólit o Rodríguez Castelo. Sin embargo, fuera de la lista ha quedado una voz adelantada para su tiempo, que dejó importantes contribuciones a la crítica literaria: Héctor Manuel Carrión, pionero, además, del modernismo ecuatoriano.
A finales del siglo XIX, en el Ecuador y América Latina, se producían grandes cambios. Las ciudades crecían, la exportación del cacao estaba en auge en el país, los avances tecnológicos y los problemas sociales y políticos eran cotidianos. En el ámbito artístico e intelectual surgió un nuevo movimiento: el modernismo, interesado en renovar la estética. La belleza en sí misma frente al desencanto de la realidad. En el campo literario, el nicaragüense Rubén Darío constituyó el punto de partida. En 1888 acuñó el término modernista y publicó su libro de cuentos y poemas Azul.
El Ecuador, considerado mucho tiempo tardío en expresar el Modernismo, estuvo a la par que las otras naciones. Medardo Ángel Silva, Arturo Borja, Ernesto Noboa y Caamaño y Humberto Fierro no fueron los únicos y menos los primeros. En un estudio sobre estas voces de la llamada Generación Decapitada, Mario Campaña afirma que tal corriente nació en Guayaquil cuando, en 1896, surgió la revista América Modernista. Su fuente: Michael Handelsman, investigador de los impresos de entonces. No obstante, una voz surgió antes de las fechas consignadas: Héctor Manuel Carrión (Loja, 1878), hermano mayor y mentor de Benjamín Carrión, el gran promotor de la cultura ecuatoriana.
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