
El Chavo del 8 vuelve al aire rodeado de festejos y conflictos. Con seguridad, la comedia creada por Roberto Gómez Bolaños, será el reestreno más polémico de 2024.
El Chavo del 8, canal 1
Se supone que el humor es tragedia más tiempo. A la distancia, con perspectiva y nunca sabremos cuánta o cuan poca profundidad, una desgracia acaba siendo una broma. Así es más fácil de aceptar y puede trascender, de un mal rato y peor recuerdo a la carpeta de invaluables lecciones de vida y chistes a contar.
Al ‘Chavo del 8’, comedia creada por Roberto Gómez Bolaños en 1971, le ha pasado lo contrario, fue primera piedra del humor televisivo/televisado y ahora es apedreada por quienes no se ríen.
TelevisaUnivision, el conglomerado transnacional con la mayor biblioteca de contenido en español del mundo, volvió a transmitir el programa en señal abierta el pasado 16 de octubre, a razón de dos capítulos diarios, de lunes a viernes y desde las 13:30 (hora de México).
Además, sus 273 episodios están ya disponibles en la plataforma digital VIX, propiedad de la misma cadena. Esto luego de cuatro años de desacuerdos entre la productora y los herederos de Chespirito. El ajuste monetario (la cifra) se desconoce, pero el anuncio ha causado todo tipo de reacciones.
Medios latinoamericanos y españoles han comunicado la noticia con tono y espíritu celebratorios. Diario El País cita al escritor mexicano Nicolás Alvarado diciendo, "No entendía porqué había este desprecio a esta comedia que era verdaderamente eficaz y que partía de la mente de un hombre ilustrado. Fue un hombre que abrigó muchas tradiciones cómicas, no precisamente Shakespeare, aunque le dijeran Chespirito, lo siento alejado de la comedia shakespiriana, pero sí de la comedia de boulevard de Francia, particularmente, y del sainete español, que se pueden sentir en la comedia de enredos de El Chavo".
No todas las opiniones coinciden. Otro mexicano, Fernando Buen Abad, especialista en Filosofía de la Imagen y de la Comunicación, mantiene una campaña ‘Anti-Chavo’, y dice que el reestreno no es otra cosa que "nostalgia de la violencia".
En su ensayo-de-opinión Para leer El Chavo del Ocho (tributo al setentero y marxista Para leer al Pato Donald), del 2014, llega a una conclusión tremendista: "Con el «Chavo» se crea un marco perfecto para la agresión que es aplaudida incluso por las risotadas grabadas al remate de cada chiste. Agresiones que se pagan en millones de dólares y conciencias. Marco perfecto para que parezca normal que los niños asalten, incendien casas y automóviles, golpeen maestros y compañeros, acudan armados a las escuelas".
Para ser un poco ‘malitos’ y otro poco precisos, digamos también que el compañero Buen Abad es miembro del Consejo Consultivo de TeleSur, la TelevisaUnivision venezolana (si cabe, ya hecha, la lejana e irresistible comparación). Y que el enfrentamiento ideológico, moral e incluso económico que levanta el reestreno del Chavo, servirá como tema en muchas tesis y congresos y coloquios.
Todo bien, que se discuta y se estudie al programa infantil más exitoso de la historia de nuestra región (1.700 millones de dólares para Televisa entre 1995 y 2012, según Forbes) es obligatorio, pero el tema rebasa y rebosa cualquier paper académico.

El Chavo del 8, canal 2
El tema está sobre la mesa y se habla cuando los niños se han levantado y están corriendo mientras los ‘mapadres’, sentados, transforman el agua en vino y el vino en whisky. "No voy a dejar que mi hijo vea un programa en el que los grandes les pegan a los niños, los niños les pegan a los otros niños y los grandes se pegan entre ellos".
Curioso, todos los que están sentados a esta mesa crecieron/crecimos viendo al Chavo, y hasta la publicación de este artículo nadie se estaba matando a golpes ni golpeando a sus hijos (quizás no todos tengan trabajo y alguno deban meses de renta/alquiler/alícuota/tarjeta-de-crédito, cómo no, pero la violencia no es la norma).
Estos ‘mapadres’, socios fundadores de la generación que se crio frente a la tele, están procediendo de igual manera con la dieta nutricional y audiovisual. Los alimentos de sus hijos no son los mismos con que sus padres los alimentaron a ellos, en este siglo hay más frutas, menos azúcar, y la leche debe ser de almendras.
Lo mismo en la pantalla, menos acceso a las escenas que algunos han guardado con la intención de recordarlas para no repetirlas: nunca más un niño al que su padre le rompió un palo-de-escoba en la cabeza por llegar pasadas las seis de la tarde; nunca más un niño al que su madre le marcó la espalda con el-cable-de-la-plancha; nunca más un niño menor al que su hermano, mayor, le abrió la cara por usar una de sus camisetas sin permiso. Hasta el chancletazo, inocente en su proporción, es tomado como abuso.
La herencia y los efectos secundarios del Chavo, según los entendidos y más documentados, es terrible. Leo, en revistas especializadas y blogs muy correctos y muy formales, cómo el personaje de Chespirito define "violencia, machismo y denigración" (Raúl Rojas Soriano, doctor en sociología y titular definitivo de la UNAM) o cómo "refuerza formas, lenguajes, códigos de entender al otro a partir de la humillación, ridiculización, los golpes, la lucha de clases, entre otros tipos de violencia que recrea y representa" (Adriana Barragán Nájera, doctora en Estudios Transdisciplinarios de la Cultura y la Comunicación).
También cómo el mismo Estado es criticado vía Don Ramón, pues el personaje y figura paterna no encuentra trabajo en ningún lado. En pocas: los titulares de rutina en cada noticiero, los comentarios en grupos familiares de WhatsApp y redes sociales.
Lo grave, me terminan diciendo los ‘mapadres’ de niños prohibidos del Chavo, es que la miseria sea endiosada como lugar feliz. Pero no lo es. Aunque suene una canción que diga "Qué bonita vecindad", la locación no se presenta como un ideal de vida, tampoco se asume que el público del programa aspire a la miseria (menos que, basados en un show de hace cincuenta años, la deseen para sus hijos).
Lo que ocurre es que, al interior de un sector castigado y de largo mayoritario de la sociedad, no se eliminan la presencia, capacidad y desarrollo del humor: de hecho, es cómo se sobrevive. Lo grave, y en esto les doy la razón toda a los ‘mapadres’, es que la infancia no ofrezca ni tenga garantías. Lo peor es que los niños sueñen con alejarse de sus casas para estar a salvo.
Otra vez, un problema de adultos será resuelto por niños. Los ‘mapadres’ tambalean y ceden: que vean tele, fonos, tablets; que coman lo que otros días no pueden comer y que se duerman sin lavarse los dientes o ponerse pijama. El show y la fiesta deben continuar y esta noche se verán cosas que ellos no deben aprender de nosotros ni de nadie: lo que aprenderán por cuenta propia, como los que por ahora bailamos.
Me acerco a estos niños para decir buenas noches, yo, que no tengo obligación de formarlos y sería capaz de servirles helado y chocolates en el desayuno. Ninguno está viendo el Chavo. Pregunto, claro que pregunto, después de todo, los primeros capítulos están gratis en VIX y qué sería de la industria del entretenimiento si no le hiciéramos caso a los niños. No les interesa. Lo han visto y les parece lento. Los niños no son así, ya no. El Chavo no es chistoso, me dicen. Esa, queridos doctores, es la única tesis capaz de alterar la realidad del mercado.

