Arthur Miller, referente indiscutible de la dramaturgia estadounidense, nació el 17 de octubre de 1915 en Nueva York, en una familia de origen judío polaco. De eso hace 110 años.
Es difícil encasillar a Miller en un género pues, además de teatro, escribió guiones para cine, novela, cuentos, ensayos y crónicas. Considerado por el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas entre los grandes dramaturgos estadounidenses junto a Eugene O’Neill y Tennessee Williams, sigue siendo un autor frecuente en carteleras teatrales en todo el mundo y también en adaptaciones para cine y televisión.
Todos eran mis hijos fue uno de los primeros libretos que llevó en 1947 a Broadway y desde entonces revive por su trascendencia en cualquier época: los conflictos y relaciones entre padres e hijos. El éxito de esa obra, dijo Miller, “me permitió soñar, atreverme y arriesgarme más”.
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