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Periodismo en tiempos de covid y fake news.

por Leisa Sánchez

Por Elisa Sicouret Lynch.

Fotografías: cortesía.

Edición 461 – octubre 2020.

Ana María Roura Salazar, comunicadora quiteña, con una amplia experiencia en canales internacionales como Caracol, NTN24, DW, y ahora en BBC Mundo, está convencida de que los retos que atraviesa la prensa de nuestros días se afrontan únicamente con integridad y compromiso con la verdad.

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Un viaje planificado a París por unos meses para estudiar francés cambió radicalmente la vida de Ana María Roura. Era 2011 y en ese entonces ella trabajaba como reportera de asuntos políticos para un canal nacional. Le ofreció a la cadena colaborar como corresponsal desde Francia, lo cual hizo, además, para medios internacionales como NTN24 y Caracol, ambos de Colombia. Pero lo que había planificado como una estadía de un semestre se convirtió en una permanencia de años en territorio francés, pues fue aceptada en una maestría de Comunicación Política nada menos que en la Universidad de La Sorbona. Esto es lo que se conoce en literatura o cine como un giro inesperado de la trama y, sin duda, alteró la historia de esta comunicadora quiteña para siempre.

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“Yo era ya una reportera que cubría política en esa época, pero sentí que la academia me iba a dar más herramientas para analizar escenarios políticos, procesos, elecciones. Entrar a estudiar a esa universidad parecía como un sueño casi imposible, pero decidí apostar por eso. Preparé intensamente esa candidatura y apliqué en el mes de marzo. En julio recibí en mi casa la carta de admisión y ese día supe que muchas cosas iban a cambiar. Mi proyecto de estar seis meses fuera del Ecuador se alargaba, en ese momento, a años de estudio”, afirma Ana María (Quito, 1982), quien, además de la maestría, cuenta con una licenciatura en Periodismo por la Universidad de La Habana, Cuba (2005).

Y cambios aún mayores estaban por venir. Si bien se había desempeñado anteriormente como periodista cultural para el canal ICRT de Cuba (2005-2006), periodista Senior en Teleamazonas (2006-2011) y corresponsal desde París para Teleamazonas, Caracol y NTN24, durante sus estudios de posgrado (2011-2013), fue ahí cuando pudo dar el salto a las grandes cadenas de televisión de Europa como presentadora de noticias y corresponsal para DW (Deutsche Welle, 2013-2019) de Alemania; y desde hace casi un año, como presentadora, productora y editora ocasional de la sección de video de BBC Mundo, en Reino Unido.

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Desde París para Teleamazonas.
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BBC Mundo.
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Assange breaking para DW.

—¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar en la DW y ahora en BBC Mundo?

—Me gustaba lo que estaba haciendo la DW. En ese momento yo vivía en París y busqué en Internet el teléfono de la sede del canal en Berlín, pedí hablar con la redacción en español y dije que ofrecía mi colaboración desde Francia. Envié un link con una muestra de mi trabajo. A los pocos días pasó algo en París y me llamaron para que lo reportara. Así empezó mi colaboración con DW desde esa ciudad, pero dos meses más tarde me invitaron a Berlín a un casting para presentar los noticieros. Fui, luego hice unas pruebas de redacción y dos entrevistas. Un mes más tarde recibí un mail diciendo que, si aceptaba la propuesta, ellos estarían muy contentos de tenerme como nueva presentadora de DW. Fue una gran oportunidad que gané con esfuerzo. Por su parte, la BBC era un sueño de larga data como periodista. Cuando decidimos con mi esposo (Sebastien Jesus-Herrera Toussaint) instalarnos en Londres, siempre pensé que en algún punto intentaría tener la experiencia de trabajar para ese medio que siempre he admirado. Cuando se abrió un puesto, apliqué sin dudar. Es un proceso de selección largo que vas superando por fases; obtienes puntos en cada una y, al final, el puesto se lo dan a la persona que más puntos acumula. Fue un sueño cumplido el día que entré por primera vez a la redacción de BBC Mundo. Estoy a punto de cumplir mi primer año y estoy muy satisfecha de hacer periodismo en esa redacción y con ese equipo.

—En estos tiempos de fake news y de falta de credibilidad en ciertos medios que atienden sus propios intereses, ¿cómo recuperar la confianza en el oficio?

—Si el medio trabaja para defender sus propios intereses, es bastante lógico que la audiencia no le crea. Yo tampoco creo en esos medios. El periodismo debe hacerse con independencia, imparcialidad, honestidad, balance, veracidad, creatividad. Creo que en las redacciones los periodistas debemos revelarnos con fuerza ante cualquier intento de imponer una manera de hacer periodismo que atente contra la forma legítima de ejercer nuestra profesión. O no trabajar para esos medios. Nuestro trabajo como periodistas se debe a nuestra audiencia. A nadie más.

—Las investigaciones de The Washington Post obligaron al presidente estadounidense Richard Nixon a renunciar a su cargo. ¿El periodismo aún tiene el poder para cambiar al mundo, como lo hizo el caso Watergate? ¿O eso se ha perdido para siempre?

—No es posible pensar en democracias sin medios sólidos, periodismo y periodistas dispuestos a trabajar para sacar a la luz lo que otros quieren ocultar. Es nuestro trabajo. En América Latina, un buen ejemplo de esto son las revelaciones del caso Odebrecht publicadas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, en colaboración con decenas de profesionales en cada país de la región, quienes sacaron a la luz una de la mayores tramas de corrupción de la historia de nuestro continente. Por otra parte, a pesar de la falta de credibilidad que viven los medios a nivel global, la pandemia de coronavirus ha demostrado que en tiempos de crisis la gente va a buscar información en los medios y la quiere de fuentes confiables. Según los reportes, la credibilidad global en los medios fue bastante alta.

—¿De qué manera el tema digital obliga a evolucionar y aprender nuevos talentos como, por ejemplo, el periodismo basado en cifras o data?

—Como periodistas, debemos mantenernos al día con la tecnología y las nuevas maneras de contar historias que las hagan más atractivas, interesantes y claras. La versatilidad y el pensar en varios formatos para nuestras historias: video, texto, audio, es clave. Pero también escuchar mucho cómo está consumiendo la información la audiencia. Según el último reporte de la Universidad de Oxford, 31 % de las audiencias está consumiendo sus noticias vía Facebook. Las generaciones más jóvenes consumen cada vez menos medios tradicionales. Hay que adaptarse, migrar, ir hacia ellos. Los jóvenes sí están interesados en las noticias: en nuestro canal de YouTube en BBC Mundo la mayoría de nuestros suscriptores son jóvenes de entre dieciocho y 34 años. La base del periodismo no ha cambiado; lo que ha cambiado es que ahora sí sabemos lo que la gente está leyendo en una página o viendo en redes sociales. Tenemos datos duros sobre lo que le interesa y lo que no. Y es una información muy valiosa.

—Lo digital también lleva a un estado de premura constante en el manejo de noticias, porque casi todo es breaking news y debe postearse de inmediato. ¿Afecta eso la calidad del trabajo informativo?

—En BBC Mundo trabajamos bajo una máxima que creo que es una especie de freno a esa inmediatez sin sentido que considero muy dañina: no hay que salir primero, hay que salir bien. En tiempos de desinformación creo que es lo más “sano” que podemos hacer para darle a la audiencia lo que necesita de nosotros, que es una información verificada, contrastada y confiable.

Covid, terrorismo, Assange y otros hitos

La pandemia de la covid-19 ha obligado al mundo entero a adaptarse a una nueva realidad. Ana María considera que el periodismo no ha escapado a esta evolución y ha enfrentado retos clave en el proceso.

—¿Qué coberturas de impacto has realizado durante esta pandemia?

—He cubierto atentados terroristas, elecciones, eventos con presidentes, la elección del papa Francisco, pero nunca había sentido que la información que estaba produciendo fuera tan útil y necesaria como en esta pandemia. He trabajado en varios videos para BBC Mundo que creo que han sido relevantes para nuestra audiencia: desde el reporte de los países más golpeados por la covid-19, pasando por la entrevista al subdirector de la OPS respondiendo a las preguntas de la audiencia sobre el avance del virus en América Latina; los países con estrategias exitosas en la región; los avances científicos que se han ido gestando durante la pandemia, incluidos los reportes sobre las vacunas que se van desarrollando.

—¿De qué trabajos periodísticos te sientes más orgullosa en tu carrera?

—La cobertura del Brexit, la elección del papa Francisco en 2013, el 30S en el Ecuador y el golpe de Estado en Honduras de 2009. También el caso Julian Assange, del cual cubrí tanto la entrega de su asilo diplomático en 2012 como su expulsión de la embajada del Ecuador en Londres, en 2019. En esa cobertura para DW logré el ingreso en exclusiva a la embajada después del arresto de Assange y tuve una entrevista con el embajador Jaime Marchán. En enero de 2015 cubrí el atentado al semanario satírico Charlie Hebdo, y fue devastador ver y reportar el asesinato atroz de esos periodistas. Fue reportar y temer al mismo tiempo, y además, estar en duelo. Luego, en noviembre del mismo año, la cadena de atentados en París fue otro reto periodístico y humano.

—¿El periodismo en el Ecuador ha evolucionado o involucionado con relación a cuando ejercías la profesión aquí?

—El Ecuador tiene grandes periodistas. Muy decentes y brillantes, muchísimos. Pero también sé que hay mucha politización en los medios. Para enterarme de lo que pasa en mi país sé a quién debo preguntar o seguir en sus redes. Son periodistas serios, honestos, que hacen su trabajo porque están comprometidos con su profesión. Un gran ejemplo de esto es lo que ocurrió en Guayaquil durante la pandemia en abril. El esfuerzo y ejercicio periodístico de varios periodistas de medios diferentes ayudaron a revelar la realidad de lo que estaba pasando en el país. También creo que ahora han surgido algunos medios digitales que tienen muy buena calidad y que están apostando por un periodismo investigativo y de profundidad que le hace mucha falta al país.

Introspección, extrospección
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Con su esposo, cuando vivían en Japón,
abril de 2016.

Se podría creer que una periodista con la trayectoria de Ana María, en medios de renombre internacional y con acceso a las figuras públicas mundiales más importantes, identificaría los frutos de su trabajo como las mayores satisfacciones de su vida. Pero no lo son. Para ella todo pasa por la familia y los amigos.

“Me siento sobre todo feliz y afortunada del día a día que tengo en mi hogar. Es mi regalo de la vida. También me reconforta saber que a pesar de la distancia me mantengo muy cerca de mi familia: mi mamá, Ana Salazar; mi papá, Pedro Roura; y mi hermano, José María Roura Salazar. Hablamos a diario. Aunque la pandemia nos ha truncado algunos planes de reencuentro, sé que pronto nos abrazaremos. Me enorgullece saber que tengo amigos de muchos años que cuento como parte de mi familia. Y que la distancia tampoco nos ha separado”, confiesa.

Es que la distancia en ocasiones ha sido enorme, como cuando vivía en Japón como corresponsal de la DW, y la diferencia de horario podía llegar a ser inmanejable. Por ello aprovecha para viajar al Ecuador cada vez que tiene oportunidad, como a fines de 2019, que fue cuando vino por última vez.

Hasta su próxima visita se mantendrá ocupada no solo con las cámaras y los micrófonos, sino con un proyecto que define como “un documental cuyo tema es muy personal y al mismo tiempo universal. Es sobre algo que me toca muy de cerca a mí y a millones de mujeres en el mundo”.

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Acerca de Leisa Sánchez

Su gran motivación e interés periodístico son los temas históricos y culturales.
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