Un público fiel y en aumento celebra los dibujos del ecuatoriano-chileno Alberto Montt. El genio de Dosis diarias o la popular Ansiedad, entre una veintena de títulos, lo ubican en la primera línea del humor gráfico. Viajero empedernido, ahora se ha radicado en Angulema, capital de la historieta mundial.
La librería Page 189 está cerca de La Bastilla en París. La noche llega temprano, el frío es constante. “Bonsoir”. Una vez dentro, sobre una mesa se empilan tomos de pequeño formato y pasta dura, dibujos y colores planos. En esas portadas el nombre del invitado: Alberto Montt.
El ilustrador —chileno nacido en Quito o quiteño con padre y papeles chilenos— se presta a una séance de dédicace que, más que una firma de libros es una declaración de amor entre lectores y autores de literatura gráfica. Unas setenta personas hacen fila en el pasillo, convocadas por el Petit manuel de non-développement personnel (Antiayuda, en español). El libro de viñetas ironiza sobre la espiritualidad, el desarrollo personal, el esoterismo y el negocio que los promueve. “Todos somos seres de luz”, se lee en una página; “simplemente, olvidamos pagar la factura de electricidad durante algunos siglos”, remata la siguiente.
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