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Ciudad de Dios: retrato inolvidable de la favela

por Rafael Barriga

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Ciudad de Dios, el filme brasileño más taquillero de la historia, cuenta la infancia y juventud de varios habitantes de la barriada del mismo nombre, en Río de Janeiro. Relata el génesis del crimen organizado, siguiendo sobre todo las vidas de dos personajes: el hiperviolento Zé Pequeño y su amigo cercano, Buscapié, que más que delincuente es un observador que provee una narración en off que nos ayuda a entender quién es quién.

Hay cerca de cien personajes con diálogos en esta película de Fernando Meirelles y Kátia Lund, pero hay uno magnánimo, ensordecedor e inolvidable: la favela donde se desenvuelven los hechos. La Ciudad de Dios es un barrio real, creado en la década de los sesenta, en los límites de la gran ciudad, con casas de bloque remendadas según la necesidad, calles aún sin desagües, caos y violencia en cada esquina. Allí, todos los niños aprenden a defender su vida con arma blanca desde muy temprano. Sus primeras letras son las del hurto pequeño en los negocios del barrio. Su primer asesinato se dará, sin duda, antes de su primera comunión. Para el momento de su confirmación estarán en la primera línea de choque de alguna mafia local. Si llegan a la mayoría de edad será un milagro.

En ese ambiente vive y actúa delinquiendo y propinando justicia o injusticia por su propia mano Zé Pequeño, y varios compinches y rivales. Buscapié, en cambio, evita ser involucrado en el mundo del crimen. Gusta de la fotografía y se convierte en fotógrafo de un periódico local, documentando la violencia de su barrio.

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Acerca de Rafael Barriga

Curador de contenidos, gestor editorial, cineasta y radiodifusor.
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