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Cinco lobitos: ¿quién no ha tenido depresión posparto?

por Rafael Barriga

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Ser madre y ser, al mismo tiempo, hija. Cuidar, a la vez, a la criatura y a la madre. El filme español Cinco lobitos habla de esa dualidad compleja y ciertamente agotadora. La historia se centra en Amaia, una joven profesional de 32 años. La vemos llegar a su casa después de salir del hospital, acompañada de sus padres y su marido, con su hija recién nacida en brazos.

Como en tantas madres primerizas hay confusión, adrenalina y depresión durante los primeros días. Su marido, diseñador de espectáculos teatrales, opta por irse de gira, en lugar de acompañar a Amaia y paternar. Pasados unos días, los padres de ella regresan a su pueblo. Amaia queda sola, con todas sus inseguridades, a lidiar con la bebé.

Pronto Amaia no puede más y viaja con la niña a casa de sus padres, en un bello lugar del País Vasco, en busca de ayuda. Su madre —una mujer fuerte y empoderada— le hace saber que sus frustraciones como madre son normales, que muchas madres, incluyendo ella, han pasado por ese trance. Su padre toma en sus brazos a la bebé y le canta la canción de cuna “Cinco lobitos”. Vemos cómo las cosas de la maternidad —los problemas y las risas— pasan de generación en generación y son parte cotidiana de la vida. Somos testigos de cómo, a pesar de discrepancias, sustos y broncas, el cariño se va imponiendo.

El punto de quiebre se da cuando Begoña, la madre fuerte de Amaia, enferma. Entonces, allí, Amaia debe cuidar por igual a su madre y a su hija.

Una película íntima

Hay una inmensa carga de intimidad en la puesta en escena por parte de la joven directora española Alauda Ruiz de Azúa. La cámara se introduce en el meollo de los momentos cotidianos: cambiar un pañal, freír las anchoas o estar en el medio de una agria discusión familiar. El realismo con el que Alauda filma es elocuente: cualquiera en la audiencia que haya sido madre o padre encontrará instantes reconocibles y la sensación de que, de alguna forma, la historia de Amaia, su bebé y Begonia es la de todos. El espacio privado se vuelve un espacio colectivo, familiar.

Cinco lobitos reflexiona sobre la profundidad de las relaciones familiares, en especial entre madres e hijas, pero nunca las idealiza. Si bien el afecto transpira en cada escena, la dureza de la materia propia de la vida —la inseguridad, la enfermedad, los secretos y las mentiras— es el fundamento de esta película.

Este filme es autobiográfico. Su directora declaró: “Me había convertido en madre y ellos en abuelos. Más que un evento idílico, la maternidad me pareció un meteorito que arrasó con todo y provocó que las relaciones familiares no volvieran a ser las mismas”.

Hasta Pedro Almodóvar se ha enamorado de la película y ha declarado que es “el mejor debut en años en el cine español”. Sería, entonces, todo un acierto que algún distribuidor o exhibidor de cine en el Ecuador la trajera.

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Acerca de Rafael Barriga

Curador de contenidos, gestor editorial, cineasta y radiodifusor.
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