Se llamaba Isaura y tenía dos cosas en la vida: un revólver para defenderse de los hombres y un acordeón, porque no concebía la vida sin música. Además de esas dos cosas, se empeñó en una tarea: dar calor a un niño que había nacido a los seis meses de gestación, que pesaba una libra y media, y que era el último hijo de los señores de la casa en la que trabajaba.
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Del asombro de la luz al vaivén de la ciudad.
Fotografías: Cortesía.
Edición 428 – enero 2018.
Se llamaba Isaura y tenía dos cosas en la vida: un revólver para defenderse de los hombres y un acordeón, porque no concebía la vida sin música. Además de esas dos cosas, se empeñó en una tarea: dar calor a un niño que había nacido a los seis meses de gestación, que pesaba una libra y media, y que era el último hijo de los señores de la casa en la que trabajaba.
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