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Oro blanco la maldición del caucho en Manaos

por Francisco Ortiz Arroba

Luego de que el rastrillo rasguña su piel, el filo mohoso de una hoz zanja su tronco de un solo tajo, sin piedad. Su savia se derrama lentamente en forma de lágrimas por el surco trazado. Una cubeta metálica recolecta, paciente, su sangre lechosa, néctar de la riqueza y de la pobreza, de la esclavitud de todo un pueblo. Esta es la paradójica historia del caucho u oro blanco, historia donde los ricos gozaban de todo aquello que los pobres no alcanzaban ni a soñar.

Media hora navegamos por el río Negro, desde Manaos hacia el norte, hasta llegar al seringal Vila Paraíso, más conocido como museo del caucho. La lancha de un solo motor se detiene en un pequeño puerto de madera. Al final de la playa de arena blanca se divisan tres casonas de madera. Vila Paraíso está ubicado en Igarapé São João y es una réplica exacta de un seringal —nombre que se les dio a las haciendas del caucho— que existió hace más de 120 años.

En la puerta principal del museo, Jaime Enrique Souza espera. Este seringueiro manauense será el guía. Tiene 77 años y es padre de once hijos. Lo miro con atención y en su rostro apergaminado sobresale una sonrisa en forma de luna nueva y unos ojos que brillan como cuarzos. Me invita a caminar por el bosque. Su papá fue, quizás, uno de los últimos esclavos de la borracha, término con que se le llama acá a la leche del árbol que llora.

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Acerca de Francisco Ortiz Arroba

Periodista ecuatoriano, es actualmente cronista y biógrafo, especializado en derechos humanos, ambiente y comunicación.
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