Ojo en la hoja
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Ojo en la hoja

Diners 463 – Diciembre 2020.

Medio siglo con Borges.
Mario Vargas Llosa.
Alfaguara 2020, versión Kindle.

Un entusiasta Vargas Llosa nos conduce por la literatura y la vida de Jorge Luis Borges, por medio de entrevistas, conferencias y artículos publicados, a veces recurriendo a citas y reseñas, con agudos análisis de su obra y discretos detalles sobre su vida. Su palabra cautiva al lector, mucho más cuando se trata de un gigante de la literatura visto por otro de similar envergadura. Borges nunca escribió una novela; Vargas Llosa las ha multiplicado a lo largo de su carrera, que una vez más se prolonga con este homenaje al gran cuentista, ensayista y poeta, “prestidigitador literario”.

Considera a Borges como “lo más importante que le ocurrió a la literatura en lengua española moderna”, y eso no es poco. Sus cuentos son breves y “perfectos como un anillo”. Nada está demás y nada les falta. Un anarquista, un descorazonado, un escéptico, un agnóstico; acusado de reaccionario por la izquierda, de vendepatria por los peronistas, de individualista por quienquiera que se haya adentrado en los hechos protagonizados por Borges, a lo largo de la austera e intencionalmente desapercibida vida de hombre “disuelto en lo gregario”.

Ciego en el último tercio de su vida parece no ver en sus relatos a seres humanos, sino “ideas, mágicamente corporizadas”. Y así se define: “podrido de literatura”. Nunca le dieron el Nobel aunque lo merecía de sobra, y a pesar de, o tal vez por, sus erráticas posturas políticas, este exótico y erudito porteño fue solo fiel a sí mismo. Pero María Kodama, su alumna y luego esposa, fue quien le ofreció en sus últimos años, el más inesperado y completo de los premios: el amor. (Renato Ortega Luère)

Desierto sonoro
Valeria Luiselli
Sexto piso editores, España, 2019

Con traducción de Daniel Saldaña y la propia Valeria Luiselli, la novela fue escrita y publicada en inglés con el título de Lost Children Archive, y se ha convertido en un éxito para esta mexicana —hija de un diplomático y una madre que fue un tiempo sandinista—, cuya obra no solo constituye un homenaje a los miles de niños migrantes, próximos a ser deportados en la zona de frontera, sino a los géneros de la no ficción y también a la tradición literaria universal, desde Rilke hasta Juan Rulfo.

Desierto sonoro narra el viaje de una familia arquetipo —padre, madre, hijo e hija—, que al mismo tiempo no lo es. “La niña es hija mía y el niño es de mi marido”, dice la madre del grupo familiar en desplazamiento de Nueva York a Arizona en pos de metas de los padres: documentar el viaje de niños en pos de refugio y dar con el mítico territorio de los indígenas apaches que se resistieron a la embestida blanca, en cuya consecución los niños se ven cada vez más implicados, lo que formalmente se refleja en una de las voces narrativas que es la del más pequeño.

Esta novela total, que incluye también testimonios visuales como fotografías personales y de archivos públicos, tendrá al lector en vilo pues las peripecias no la viven solo los niños migrantes, sino los de la familia protagonista y la pareja que vive un difícil matrimonio, como suele ocurrir. Al final, las esferas de la imaginación y la realidad se fusionan y, casi como en un cuento de hadas, se repara la lastimadura de los niños expulsados de sus países de origen y carentes de un puerto de acogida, mediante la poética canción de David Bowie, Space Oddity. (Cecilia Velasco)

Como polvo en el viento
Leonardo Padura
Tusquets, España, 2020

Leonardo Padura es autor de una serie de novelas de género negro protagonizadas por el detective Mario Conde. Además, tiene otras obras que recorren diversos momentos históricos de su natal Cuba. La más famosa de ellas es El hombre que amaba a los perros, donde logra conectar el destino del asesino de León Trotski con el de su isla y al mismo tiempo hacer una suerte de historia del siglo XX alrededor de este nombre legendario.

Ahora, en Como polvo en el viento, hace otra búsqueda profunda, esta vez en los médanos de la diáspora cubana. A través de Clara, Elisa y otros personajes destacados, nos presenta algunas de las muchas facetas del exilio. Esta novela se aleja del lugar común del migrante cubano a Estados Unidos, ligado al delito. Y nos acerca a la realidad de personas que viven el drama de haberse marchado a otros países sin dejar del todo su tierra natal, o de haberse quedado pero sin estar en ella.

Es una novela mayor. No solo por sus casi setecientas páginas, sino por la arquitectura de los entornos familiares de los personajes. Es un microcosmos de la sociedad cubana en el exilio, concebido desde la isla pero con profundas observaciones de los espacios habitados por esos cubanos que migraron bajo diferentes coberturas y variados intereses. Es producto de una gran investigación, pero sobre todo, está marcada por esa pasión cubana que respira toda la obra de Leonardo Padura.

En ella nos ofrece un mosaico de entrañables personajes que, de una u otra forma, en una esquina u otra del mundo, Tacoma, Miami, Madrid o el barrio habanero de Fontanar van desmadejando los hilos de sus destinos cruzados. (Roberto Rubiano)

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