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Nuevas nomenclaturas del alma

por Ivonne Guzmán

Entrar a este texto es entrar en territorio minado. Todo lo que aquí se diga —o no— puede herir un sinnúmero de sensibilidades. En todos los rangos del espectro.

No debería ser así, pero como dice Murakami en su texto breve Abandonar a un gato: “Solo podemos respirar el aire de la época en que vivimos, sobrellevar las cargas de nuestro tiempo, y crecer dentro de esos confines. Así son las cosas”. Con la animosidad como moneda de cambio casi exclusiva de estos tiempos, hablar de género, no a favor o en contra, solo mencionar la palabra es estar dispuesto a ser desollado… Pero este es un tema impostergable. Hablemos.

Para empezar: la palabra. El ejercicio cotidiano de nombrar el mundo. Todo lo que no tiene un nombre sale de escena, se pierde, es, de alguna manera, asesinado; esta idea es una paráfrasis de una de las decenas de reflexiones con las que la ensayista estadounidense Maggie Nelson puebla su libro The argonauts (2015), en el que teoriza sobre el deseo, la identidad, el género, el sexo, la pertenencia, la familia… Lo hace a través de la remembranza del nacimiento y consolidación de su relación con Harry —artista queer y hombre trans— y también de su experiencia de la maternidad. Un exquisito (re)aprendizaje de la otredad, la subjetividad, el lenguaje, es decir, de la vida.

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Acerca de Ivonne Guzmán

Periodista desde 1994, especializada en ciudad, cultura y arte. Columnista de opinión desde 2007. Tiene una maestría en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar. Autora del libro «La pintura social. Tres mujeres en el mundo del arte de los años 30» (UASB, 2022) y coautora del libro «Batallas cotidianas. Quito 1808-1822» (Dinediciones, 2023).
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