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EDICIÓN 500

“No veremos que los glaciares se recuperen”

por Manuel Pulgar-Vidal

Manuel Pulgar-Vidal, uno de los principales especialistas en cambio climático en la región, cuenta que los impactos ambientales causados ya no son reversibles, pero se puede detener su avance.

Entre el movimiento y la incertidumbre que caracterizan a las conferencias internacionales sobre el medioambiente, Manuel Pulgar Vidal siempre puede hacer una pausa para explicar la relevancia de estas reuniones para el futuro del planeta.

Su presencia ya es una tradición en estos encuentros. Desde hace 35 años se dedica al derecho y a la política ambiental, y su rol en las famosas COP siempre ha sido fundamental, pero ha ido variando.

En una época, entre 2011 y 2016, tuvo que negociar y tomar decisiones como ministro del Ambiente de Perú. Ahora está en otro frente. Es el líder de la Práctica Global de Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF Internacional) y es presidente de la Comisión de Crisis Climática de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es decir, promueve medidas para que los países cumplan los objetivos que aseguren un mejor futuro.

Ya sea con otras autoridades o con quien lo consulte sobre lo que se viene para el mundo, siempre es enfático al explicar que se necesitan acciones concretas y basadas en el respeto a la naturaleza. En la Convención de la ONU sobre Biodiversidad (COP15), que se llevó a cabo en diciembre de 2022, en Montreal, Canadá, fue uno de los principales defensores de la medida 30x30. Esto implica que los países deben proteger mínimo el 30 % de la tierra y el 30 % del océano hasta 2030.

Aunque llegar a acuerdos ambientales parece una odisea, Pulgar-Vidal siempre da un mensaje alentador. Este investigador no pierde las esperanzas de que se pueda evitar la destrucción del planeta.

Es realista en que los daños causados no se podrán revertir. Pero confía en nuevas soluciones y en que el mundo se adaptará.

Desde su nuevo hogar, en Francia, se conecta por Zoom para hablar sobre los retos medioambientales del futuro, mientras se prepara para buscar nuevos acuerdos y acciones por el planeta en los próximos eventos internacionales.

—¿Cuáles son algunas señales de que el cambio climático está presente y avanza?

—El calentamiento global y el incremento de la temperatura, a la fecha en más de 1,1 °C, llevan a que los denominados eventos climáticos extremos se presenten con mayor regularidad y en distintas formas. La elevación del nivel del mar, por ejemplo, saliniza las costas e incluso generará la desaparición de Estados insulares en muchos archipiélagos alrededor del mundo. La cantidad de carbono que hemos emitido a la atmósfera, que el océano intenta capturar de manera natural, está llevando a la acidificación de los océanos, que es un proceso que en muchos lugares del planeta genera pérdida de vida o fauna marina. A escala global vemos un retroceso de los casquetes polares y en el bosque amazónico hay la tendencia a la sabanización. Algunos autores señalan que la Amazonía está en un punto de inflexión. Esto se refiere a que aquello que siempre consideramos como valioso de la Amazonía, que es su capacidad de absorber carbono, ha llegado a un punto en el que más bien lo emite.

—¿A esto nos referimos cuando se habla de que se viene una crisis climática?

—La crisis climática tiene muchas formas de ser vista y todas son muy severas para la humanidad. Se refleja en el hecho de que el cambio climático es uno de los cinco dinamizadores de la pérdida de naturaleza. Por lo tanto, se están destruyendo ecosistemas, hábitats, especies y no hemos podido revertir esa pérdida. Esto se ha reflejado hace muy poco tiempo en la pandemia, que tiene su origen en el cambio climático y la pérdida de naturaleza. Eso lleva a que la fauna silvestre, que ya no cuenta con los espacios habituales donde se alimentaba y desarrollaba su existencia, se vincule con el humano y sea capaz de transmitir virus; a esto se denomina enfermedades de transmisión zoonótica. El incremento de la temperatura también genera que vectores de enfermedades, que pueden ser insectos, como el dengue, el zika y la chikungunya, se agraven en varios lugares del planeta.

—Los impactos de esta crisis no solo serán en la naturaleza. ¿Cuáles serán los principales focos de atención?

—Se perciben tres en especial: cambio climático, pérdida de naturaleza y salud. Esta crisis climática deriva en el hecho de que el planeta sabe que la única manera de revertir este proceso es disminuir las emisiones de carbono, que provienen de la generación de energía, y en especial de aquellos procesos, sean industriales o de transporte, que emiten carbono. La mayor tendencia será cambiar la manera en que vemos las economías globales, que tienen que ser capaces de generar nuevos patrones de conducta y mecanismos financieros y de producción. Por lo tanto, hay un principio fundamental y es que se viene un nuevo modelo de desarrollo, basado en mayores consideraciones climáticas, que se sustenta en no dejar a nadie atrás. Tenemos que cambiar la manera en que hacemos las cosas, pero sin generar las brechas de desigualdad que hoy existen en el mundo. Eso significa que la tecnología debe ser más limpia y estar al alcance de todos.

—Para esto necesitamos el poder político y empresarial. ¿Ya están entendiendo lo que va a ocurrir?

—Los gobiernos ya saben la importancia del cambio climático, pero probablemente por las dificultades que muchos enfrentan en el presente no son capaces de comprender que el cambio debe producirse ya y están retrasando los procesos. Por ende, no están asumiendo las acciones que deberían y cometen un grave error. No es que no encaminar con mayor velocidad y urgencia los procesos va a significar que vamos a ser castigados por el Acuerdo de París; este no contiene normas punitivas, pero sí vamos a ser castigados por la propia economía que va a sancionar a aquellos países que no enfrenten el cambio desde ya.

—¿Qué va a pasar con quienes no lo enfrenten?

—En los países de los gobiernos que no sean capaces de enfrentar el cambio climático, habrá pérdida de naturaleza y salud, lo que generará gravísimos problemas sociales porque sabemos que dentro de las potenciales consecuencias del cambio climático está la escasez de agua y la pérdida de cultivos, de diversidad biológica y de recursos pesqueros. Por lo tanto, no es solo reducir la emisión de gases de efecto invernadero, sino contar con adecuados planes de adaptación. Esta es fundamental para promover la resiliencia que tiene que ver con la economía. ¿Cómo hacemos que aquellos grupos más vulnerables puedan enfrentar con mayor eficiencia las consecuencias del cambio climático?

—Países como Ecuador o Perú no son los que más emiten gases contaminantes y, bajo esa justificación, pensamos que tenemos otras prioridades antes de enfrentar al tema ambiental. ¿La responsabilidad está solo en los países desarrollados?

—Es un gran error hacer el cálculo de si somos pequeños o grandes emisores. Aun cuando seamos pequeños emisores en volumen, las consecuencias del cambio climático nos golpearán igual. Los problemas sociales y económicos nos afectarán de todas formas. A su vez, los procesos económicos son globales. Estamos en un mundo globalizado y nuestra inacción puede hacer que nos quedemos atrás también en el desarrollo económico.

—Usted ha sido uno de los principales promotores de acciones como la meta 30x30. ¿Cuál será la relevancia de estas medidas en el futuro y cómo replantean los conceptos de conservación?

—El 30x30 implica reconocer que nuestras iniciativas y acciones de conservación han sido desvalorizadas. En realidad, las áreas protegidas cumplen un rol frente a la salud de las personas y frente al combate al cambio climático. Lo que la nueva meta propone es extender esta cobertura de conservación, pero no solo a través de áreas protegidas, sino reconociendo que en algunos casos los territorios indígenas pueden cumplir esta función. Por lo tanto, se está dando una nueva importancia a la conservación como elemento de desarrollo. El mundo se está conduciendo a un nuevo paradigma.

—En este modelo de la conservación como elemento de desarrollo, usted también ha defendido las soluciones basadas en la naturaleza. ¿Qué rol tendrán estas prácticas?

—Es fundamental. Hay una fuerte tendencia en la actualidad en promover la convergencia. Yo planteé tres grandes tendencias: cambio climático, naturaleza y salud. Las soluciones basadas en la naturaleza son una herramienta que nos permite, a partir de una intervención sostenible, enfrentar un reto social. Este reto puede ser el del clima, el de la seguridad alimentaria, el de la seguridad hídrica o incluso la gestión de riesgo de desastres. Entonces, lo que confirma esta herramienta es que la naturaleza es un aliado secreto para enfrentar estos desafíos que la humanidad o, más individualmente, cada uno de nuestros países tiene.

—¿Cuál sería un ejemplo claro de lo que se viene en soluciones basadas en la naturaleza?

—Las intervenciones en la parte alta de una cuenca para reforestar o mantener el bosque puede, al mismo tiempo, vincularse a prácticas ancestrales de riego o de cultivo, que a su vez mejoren la cantidad y la calidad de agua, promoviendo seguridad hídrica en su parte baja. Ahí tienes todos los factores. Primero, intervención en la naturaleza, que incluso implica prácticas de riego, reforestación o cuidado del bosque. A su vez está el elemento social, porque trabajan con las poblaciones utilizando sus propios métodos. También hay un reto social como la seguridad hídrica. Es importante reconocer que estas soluciones van a tener más eficacia si se trabajan a escalas de ecosistema, que permitan mantener los servicios ecosistémicos de la cuenca o del bosque, porque de eso es lo que finalmente se trata.

—¿Con estos nuevos modelos y percepciones sobre la conservación, ¿todavía podemos mitigar los efectos del cambio climático?

—Es importante reiterar que no vamos a ver una reversión de aquellos daños que ya causamos. Si esa reversión se produce va a ser en cientos de años. Por lo tanto, lo que nos toca es adaptarnos a la nueva realidad que hemos provocado. A eso se suma ya no hacer más daños, detener las consecuencias de lo que implica el calentamiento global, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay que buscar la resiliencia. Ya no vamos a ver que los glaciares recuperen sus casquetes, así no funciona el sistema climático. Hemos causado un daño severo, vamos a tener que aprender a vivir con eso, pero lo que podemos hacer es detener las consecuencias de una temperatura que se incrementa porque seguimos emitiendo estos gases a la atmósfera.