No es lo mismo si no y sino (*)

Si no hubiera vuelto, no le habrían llovido huevos. ¿Cambiará el sino del país?

Uso sino y si no
Fotografía: Shutterstock.

Hay términos que pueden ser un referéndum o una filosofía. Un divorcio por mutuo acuerdo o una unión libre sin fecha de caducidad. Es el caso del dilema de hoy:

¿Si no o sino? ¿Cuándo escribirlos separados y cuándo unirlos?

Lo haré breve y les facilitaré el asunto con un truco que les ayude a distinguir las dos formas y usarlas en sus diferentes significados.

Si no (separado) introduce una oración condicional: “Si no llega a ser sentenciado, saldrá libre pronto”.

Sino (unido) es una conjunción que se utiliza en algunos casos: para contraponer una afirmación a algo antes negado: “No fue expulsado, sino que huyó”; para expresar una idea de excepción: “Nadie lo llamó sino que vino solo”; como solamente o tan solo: “No puedo sino sentir vergüenza”, y para mostrar adición: “La corrupción no está solo en el gobierno, sino también en otros ámbitos”.

Y también tiene su lado profundo, cuando es sustantivo y significa “hado” o “destino”: “¿Cambiará el sino del país?”

El Diccionario de la lengua española (DEL) nos dice:

sino

  1. m. hado.

sino

  1. conj. advers. U. para contraponer un concepto afirmativo a otro negativo anterior. No lo hizo Juan, sino Pedro.
  2. conj. advers. Denota idea de excepción. Nadie lo sabe sino Antonio.
  3. conj. advers. Solamente, tan solo. No te pido sino que me oigas con paciencia.
  4. conj. advers. Denota adición de otro u otros miembros a la cláusula. NO SOLO por entendido, sino también por afable, modesto y virtuoso, merece ser muy estimado.

si no

1. loc. conjunt. De otra suerte, en caso diverso.

El truquito para saber cuándo escribir si no (separado) es poner entre si y no algún elemento sin que se pierda el sentido: “Si (Pérez) no hubiera vuelto”, “No mejorará el país si (los políticos) no son honestos”, “Si (López) no se pone firme no habrá ningún cambio”.

Quizá, como en la consulta popular, haya quedado claro esta diferencia y nuestro país haya dicho sí a un sino más esperanzador y no a las dudas de su pasado, y podamos dar por ganada para el olvido aquella “década perdida”, si no, estaremos condenados a repetirla.

Fuentes: DLE, fundéu BBVA, Susana Cordero de Espinosa y Manuel Corrales Pascual: ¡maravillosos maestros!

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