Ni un día sin maquillaje
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Ni un día sin maquillaje

Por María Fernanda Ampuero

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Hola amigas, bienvenidas un día más a su programa Una Mujer como Dios manda. Soy María Fernanda, su asesora de belleza, feminidad y vida doméstica. En el programa de hoy vamos a hablar de eso que es lo más importante, lo fundamental, lo —podríamos decir— sagrado en la vida de toda mujer que es su maquillaje. Sí, amigas, donde esté el neceser que se quiten los libros o las calculadoras porque, ¿para qué parecer inteligentes si podemos estar guapas? ¿No creen? (El público aplaude y ríe). A ver, que levante la mano la que no ha venido maquillada (nadie levanta la mano). Ninguna, claro, imposible.

Bueno, yo hoy día les quería compartir unos truquitos para estar siempre perfectas en cualquier ocasión porque yo sé que a veces una dice, por ejemplo, qué pereza, soy ingeniera agrónoma, tengo que ir al campo a tomar muestras de un fertilizante, no me he de tener que maquillar. ¡Error, amiga, error! Usted al campo me va con su buen rímel a prueba de agua por si suda o le cae agua de riego y una base de maquillaje con protector solar alto porque, ya sabe, está expuesta al envejecimiento por rayos solares. ¿Qué se cree? ¿Que es un hombre? Buena está la tontera.

O a veces otra piensa: pero yo tengo un cargo público, capaz que, si me maquillo mucho, no me toman en serio. ¡No, caramba! Aquí nos maquillamos todas, desde la reina de Inglaterra hasta la niña recién elegida presidenta de su clase. Y hablamos de eso todo el día y nos miramos al espejo y nos retocamos y nos empolvamos la nariz. Uy, qué coquetas, qué simpáticas.

O quizás hay alguna más que dice: pero si yo soy artista, ¿por qué juzgan mi talento con relación a mi físico, a si me pongo lápiz de labio rojo o si tengo la piel tersa? De hecho, ¿por qué hablan de mi físico? Lo importante, a lo que me dedico, que es hacer arte, ya lo he hecho, en mi casa, con la cara lavada o pintada como una puerta, a quién le importa eso… ¡Tonta! ¡Claro que importa! ¡Eres una mujer! Y no hay nada más lindo que ser mujer, ¿verdad? (El público aplaude, emocionado).

Somos mujeres, o sea frívolas, que es sinónimo, y por algo desde chiquitas nos compran esos estuches con sombras fucsias y turquesas, esmalte de uñas morado y labial con brillantina. Mijita, ¿usted qué quiere ser de grande? Astronauta, doctora, cineasta, arquitecta, presidenta de la república, escritora, nadadora. Ah, qué bien, tome su estuche de maquillaje, feliz Navidad.

Así que, como les decía, lo más importante que tiene una mujer, después de ese estuche que tiene que cuidar hasta el matrimonio… Ya saben de qué hablo, picaronas (risas entre el público), es su estuche de maquillaje. Por ejemplo, si tu marido te pega y ya has ido a la policía, pero no hacen nada ni hay leyes que te amparen, tú vas y coges un corrector de ojeras más bien amarillento porque, chicas, cuidadín, uno con tonos verdosos haría resaltar el moretón, y te lo aplicas generosamente con la yema del dedo anular, sí, el del anillo de matrimonio. Bien bonito te lo difuminas y como si nada: guapa hasta la próxima paliza.

Otro ejemplo: te botan del trabajo sin indemnización ni nada porque nunca te hicieron contrato, entonces tienes que ir a tu casa y, como has llorado, pareces un perrito callejero. Te miras al espejo, sacas tu estuche de maquillaje, te pones tu colorete, tu delineador, rímel, un poco de lápiz de labios. Te sonríes. Vas a salir adelante. Como siempre. Porque eres una luchadora como todas las mujeres de este país (aplausos). Los niños no te van a ver llorosa ni derrumbada. El mundo te apalea, pero tú con la cabeza bien alta. Y guapa.

Trabajas ocho horas, mujer, en una oficina y luego cuatro o seis en la casa, horas por las que nadie te dice ni gracias (el público abuchea), y una amiga te llama para tomar un café y vas, aunque te desmayas de cansancio, vas. Y te pintas un poquito porque esa sombra de ojos, esa tontería de hacerte la línea negra en el ojo, la estupidez de darle color a tus mejillas, de pronto, sin saber bien cómo, te hacen soportar la vida, que es tan larga y que parece favorecer siempre a otros, un día más. O es el matrimonio del hijo de tu mejor amiga o tienes una cita que quizás salga bien o es Navidad o darás un discurso o empiezas un nuevo trabajo o te da la puta gana hoy de verte más bonita. Entonces quizás en ese estuche, ese que tú sabes y yo sé, azul —el mío es amarillo con verde— o rojo, de colores, de besos, de rayas, transparente, están guardados, junto a la cuchara para rizarnos las pestañas, el lápiz de cejas diminuto, el labial adorado que ya sacas con el dedo, todos nuestros momentos felices.

Y a mí que nadie me diga que eso no es lo más importante de esta vida.

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