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Neri Oxman: la arquitectura biológica quiere revolucionar el mundo

por Redacción Mundo Diners

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Una mezcla de diseño, biología, computación e ingeniería busca la posibilidad de prescindir del plástico y alentar el uso de materiales orgánicos.

Por miles de años el ser humano destinó materiales de construcción a un propósito: vidrio para ventanas, ladrillo para soportar las cargas, hierro para las columnas…; es decir, todo en función del ensamblaje maquinizado, un legado de la Revolución industrial.

¿Pero imagine una ventana hecha de cáscaras de camarón? ¿O puertas elaboradas con corteza de manzana y limón? A grosso modo de eso se trata la bioarquitectura, un concepto revolucionario que busca dejar huella en construcciones más sustentables. La visión detrás del proyecto es omitir por completo el uso de plásticos.

No se puede hablar de bioarquitectura sin mencionar a Neri Oxman, la arquitecta israelí-estadounidense que está potenciando esta rama y llevándola a destinos impensados. “Tenemos la responsabilidad de crear naturaleza, no considerarla limitada sino una entidad que pide amor”, resume Oxman en un documental en el que expone su trabajo, que básicamente es una mezcla de diseño, biología, computación e ingeniería de materiales.

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Su idea es pasar de un mundo entendido como máquina, en el que cada parte responde a un ensamblaje, a otro entendido como un organismo visto como un todo. En esta “era biológica”, los microorganismos pueden diseñarse para imitar las “fábricas” que transforman casi cualquier biomasa en bioproductos útiles, por ejemplo, prendas de vestir, materiales de construcción y transporte.

Por ejemplo, la Escherichia coli, una bacteria que vive en el intestino y puede dar más de un dolor de cabeza, puede transformarse en azúcar comestible; la hierba en diésel y el maíz puede mutar a plástico. Oxman habla de “alquimia biológica”: la unión de las arquitecturas de información y de las prácticas de fabricación.

Para lograrlo Oxman trabaja con cuatro herramientas: 1. Diseño computacional para esbozar formas complejas con códigos simples; 2. Fabricación aditiva que hace posible producir partes mediante la adición de material biológico; 3. Ingeniería de materiales que permite rediseñar su comportamiento a uno de alta resolución y 4. Biología sintética para diseñar una nueva funcionalidad biológica editando el ADN de los materiales.

“Empezamos a hacer cosas que antes solo la naturaleza hacía. Esa es la dirección que el futuro del diseño está tomando”, explica la también profesora del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). En la práctica su trabajo busca que se multipliquen objetos y edificios con materiales biológicos y puedan adaptarse, responder y potencialmente interactuar con el entorno.

Su beneficio es que están diseñados para biodegradarse, por lo que, si terminan en el mar, alimentarán la vida marina; si son colocados en el suelo, ayudarán a crecer un árbol. Serán estructuras que aumentarán la materia viva en lugar de generar más desperdicios.

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De izq. a der.: Aguahoja, Raycounting, Beast.

El potencial de cambio está en la producción de estructuras biocompatibles hechas con materiales naturales como la quintina (componente natural del caparazón de los crustáceos como el camarón o el cangrejo y el segundo polímero más abundante de la naturaleza luego de la celulosa) o la pectina, que se encuentra en el limón o en la cáscara de la manzana.

Otro proyecto de la arquitecta es el estudio de los movimientos de un gusano de seda y un brazo robótico que imita la forma en que este construye su capullo. Al interior de una estructura base con hilo nailon se colocaron 6 500 gusanos de seda para que terminaran un panel suspendido en el techo, y así ocurrió.

El trabajo de Oxman está incluido en colecciones permanentes en el MoMA, el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Centro Georges Pompidou, el Museo de Bellas Artes de Boston, el Museo de Diseño Smithsonian Cooper Hewitt, el Smithsonian Institución, el Museo de Artes Aplicadas de Viena, la Colección FRAC y el Museo de Ciencias de Boston, entre otros.

Entre sus premios está el Graham Foundation Carter Manny (2008), los Premios Internacionales de la Tierra para el diseño de Future-Crucial (2008) y el Premio Holcim Next Generation para la construcción sostenible (2008). En 2008 fue nombrada Mente revolucionaria por la revista SEED. (Ángela Meléndez)

Fotografías: www.surfacemag.com-Tony Luong/www.commons.wikimedia.org-Michael Siegel para MOMA
Edición 456-Mayo 2020