Naturaleza humana.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Naturaleza humana.

Por María Fernanda Ampuero.

Ilustración: Maggiorini.

Edición 437 – octubre 2018.

Firma--Ma-Fda-AmpueroSu berrido suena como de oveja, aunque más agudo y más desesperado que el de los otros. Arrastra con dificultad su cuerpecito por toda la playa, apoyado en esas aletas que parecen carne de felpa, demasiado flojas para sostenerlo erguido. Berrea y berrea. Se acerca a una hembra con el ansia y la valentía que solo puede generar el hambre. La hembra no es su mamá, así que con un grito de dientes abiertos lo aleja de sus tetas rebosantes de grasosa y deliciosa leche materna.

Va a otra hembra que hace lo mismo y a la que imita su cría, también violenta, también desafiante: esto es propiedad privada. La tercera madre que no es su madre lo emboca por el cuello y lo tira contra una roca. Queda aturdido por un rato. Tirado en la arena parece un perrito muerto, pero está vivo y del estómago emerge el berrido del famélico, el bestial motor que es la supervivencia. Vuelve a acercarse. Tiene hambre, tiene muchísima hambre, y es un bebé que necesita comer sin pausa, envolverse en grasa, crecer. En cambio, contra su piel de terciopelo negro se marca ya un acordeoncito de huesos. La hembra otra vez coge con los dientes por el cuello al invasor, al no hijo, y lo lanza por los aires con la fuerza de un bateador. El animalito cae muy cerca del mar, una ola lo moja y lo convierte en un trapito sobre la arena. Casi no tiene fuerza. Está a punto de oscurecer.

Repite el peregrinaje un par de veces más. Todas las hembras huelen a vida y él cada vez más a muerte. Aunque cuando parece vencido, vuelve a levantar su cabeza diminuta y a abrir esos ojitos de canica negra para buscar a su madre. El berreo baja de intensidad y de frecuencia. ¿Dónde está ella que no amamanta a su hijo? ¿Dónde estás madre de esta cría que vaga por la playa como un bebé mendigo pidiendo que no lo dejen morir?

Es el ser más adorable que pueda concebirse, una fantasía infantil: piel algodonada, aletitas, diminutos bigotes, ojos brillantes de pechiche y naricita negra en forma de corazón. Ese ser fantástico, hermosísimo, está muriendo frente a todos, agonizando de hambre, siendo torturado y violentado por las hembras que no son su mamá. Nadie puede hacer nada al respecto.

La naturaleza es siniestra. La madre de esa cría puede haber sido devorada por una orca, puede haberse ahogado. O, quién sabe, algún imbécil no leyó que cuando se toca a un bebé de lobo marino su madre lo rechaza porque el olor a humano reemplaza al que ella reconoce y entonces rechaza a ese ser, lo sentencia a morir. Pero hay demasiados turistas y muy pocos vigilantes. Los lobitos son tan sedosos, están tan al alcance de la mano que sientes que puedes acariciar ese terciopelo que respira sin consecuencias.

No hay vuelta atrás: el bebé dará un último recorrido por la playa, será rechazado con berridos espantosos por todas las recién paridas e irá a morirse de hambre al lado de los basureros de las señoras que venden almuerzos.

El recorrido desesperado de ese bebé me recordó el peregrinaje de otra especie rechazada: los venezolanos. Acercándose a uno y otro país como la cría se acercaba a las hembras, recibiendo gritos e insultos, desesperado de hambre y cansancio en la gigantesca y absurda playa de las fronteras, sin madre, sin protección, sin la marca adecuada —la coincidencia de nacer dentro del dibujo del Ecuador— que identifica a los nuestros.

Algunos dicen que así es la naturaleza, que abraza a los propios y expulsa a los ajenos, que se trata de la supervivencia del más apto. Díganselo a ese bebé venezolano, a su madre y a su padre que, como el lobito, reciben los insultos de orondos egoístas que enarbolan una bandera para justificar su mezquindad. Díganles que no los quieren aquí, envíenlos de vuelta a su país donde no hay qué darles de comer a los niños, quédense tan tranquilos en sus playas sacudiéndose las moscas, tomando la siesta y poniendo obesas a sus crías.

Total, somos animales, ¿no?.

 

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

Columnistas

Amelia

Huilo Ruales Desde que yo recuerdo mi vida carecía de piso, de allí que andaba siempre con la sensación de estar cruzando una interminable tarabita.

Música

Preludios. Interludios. Inventario

Por Samir El Ghoul Edición 456 – mayo 2020 Suenan a través de este texto las teclas de la memoria. Salen recuerdos. Ilusiones. Desencantos. Dolores.

Tecnología

Hiperconectados

Por Xavier Gómez Muñoz. Fotografía: Shutterstock | Xavier Gómez M. Edición 456 – mayo 2020. Tres escenas: 1. Suena el celular y empieza a titilar

Arte

Los muchos rostros del Niño Jesús

Por Milagros AguirreEdición 456 – mayo 2020 El ruido ensordecedor del Centro Histórico, los carros, los vendedores y los predicadores contrastan con la paz y

Ana Cristina Franco

Qué será el amor

Ana Cristina Franco Tenía siete años y estaba enamorada. Mientras mi mamá preparaba la merienda, yo me sentaba en el mesón de la cocina y

También te puede interesar

Ana Cristina Franco

Japiverdei tu mi

Por Ana Cristina Franco  Nunca me gustó cumplir años. El ritual del “queique”, el anillo barato en la vela que no escucha los deseos, el

Columnistas

El libro y el azar.

Por Milagros Aguirre. Ilustración: ADN Montalvo Estrada. Edición 432 – mayo 2018. Hace no mucho estuve leyendo Los demasiados libros de Gabriel Zaid. Créanme, casi

Columnistas

Matar de hambre.

Por Rafael Lugo. Ilustración: Tito Martínez. Edición 451 – diciembre 2019. Hace pocas semanas la noticia de que la Rada Suprema de Ucrania había sancionado

Ana Cristina Franco

Quiteños en la playa.

Por Ana Cristina Franco. Ilustración: Luis Eduardo Toapanta. Edición 445 – junio 2019. Mi mamá me contaba que en los setenta sus idas a la

Anamaría Correa Crespo

Infierno.

Por Ana María Correo Crespo. @anamacorrea75 Ilustración: María José Mesías. Edición 432 – mayo 2018. Hace algunas semanas apareció en los medios de comunicación una