Los terremotos del 24 de junio revelaron cómo está repartido el poder en Venezuela
Todo empezó el sábado 3 de enero: un comando de doscientos hombres, miembros de la Fuerza Delta de operaciones especiales de Estados Unidos, descendió de sus helicópteros en el centro de Fuerte Tiuna, en Caracas, una de las instalaciones militares más resguardadas de la Fuerza Armada Bolivariana, y con una rapidez impresionante se dirigió hacia la residencia fortificada donde dormían —parece que con toda placidez y sin imaginarse nada— las dos personas señaladas como objetivo final del operativo. Eran las dos de la madrugada. La historia de Venezuela iba a dar un vuelco.
La operación ‘Resolución Absoluta’ había comenzado noventa minutos antes, cuando ciento cincuenta aeronaves (cazas furtivos, drones y helicópteros) inhabilitaron con bombardeos de precisión las defensas antiaéreas en el norte venezolano, ribereño al mar Caribe, y en Caracas y sus alrededores. Las antenas de los sistemas de comunicación también fueron inutilizadas. Así, el descenso en Fuerte Tiuna transcurrió sin contratiempos. Las fuerzas de élite venezolanas y cubanas a cargo de la custodia de la residencia fortificada fueron sorprendidas por lo fulminante del ataque.
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