Partirla en dos (como a Corea) parece que será la manera de terminar la guerra que causó Rusia
La alerta la dio el 27 de enero The Washington Post: el gobierno de los Estados Unidos considera que Ucrania ya no podrá recuperar el territorio ocupado por Rusia a lo largo de los últimos diez años (alrededor de 115.000 kilómetros cuadrados), por lo que habría decidido mantener un nivel de ayuda económica y militar únicamente para que pueda detener el avance ruso. Nada más. Que se olvide de las zonas invadidas en el este y en el sur. Que se olvide también de la península de Crimea y de la ciudad de Sebastopol. Que se resigne y se despida. Que abra los ojos a la realidad.
Para entonces, la mutilación de Ucrania era una tesis que ya se discutía en ámbitos académicos y periodísticos, pero no en los círculos políticos y diplomáticos occidentales, donde la versión oficial seguía —y sigue— siendo que el apoyo a Ucrania es férreo e innegociable. Tan sólo Donald Trump y los grupos más extremistas de los republicanos estadounidenses se habían declarado en contra de perseverar en la ayuda, aunque eso significara una victoria para Vladímir Putin y la consiguiente expansión de la influencia rusa en Europa Oriental.
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