El poder blando, que tantos éxitos logró, perdió protagonismo en el caos actual
El mundo entero sabía, a un lado y al otro del espectro político, que el socialismo había fracasado y que el colapso de los países en los que había sido implantado ocurriría tarde o temprano. Era inevitable. Pero cuando ocurrió, el 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín, hubo algo en verdad asombroso. Y es que uno de los conflictos más prolongados y, a su modo, más sangrientos de la historia humana había terminado sin una batalla final, un bombardeo terrible o una ocupación definitiva. Más aún, había terminado sin que hubiera sido disparado un solo tiro.
Sí, la Guerra Fría duró cuarenta años (desde finales de 1949, cuando la Unión Soviética se dotó de su arsenal atómico y desafió el orden internacional por entonces vigente), fue librada sin tregua en todo el planeta y causó la muerte de decenas de millones de personas, no obstante lo cual su desenlace fue una capitulación por agotamiento, anunciada por un burócrata gris quien, al informar que el Muro de Berlín estaba abierto, admitía que el mundo socialista ya no podía resistir la presión inmensa de sus pueblos oprimidos, reprimidos y tristes.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


