El cambio climático agrava cada año la tensión entre India y Pakistán, dos países con arsenales nucleares
El mundo estuvo al borde de una guerra nuclear en los primeros días de mayo. Sí, India y Pakistán, países con arsenales atómicos enormes, identidades religiosas antagónicas y una historia reciente de rivalidad dura y conflictos sangrientos, se atacaron recíprocamente durante 48 horas escalofriantes, en las que las amenazas mutuas escalaron hasta un punto que parecía sin retorno. Al final, ambos optaron por la contención, por lo que la tensión se descomprimió. Pero las causas de la discordia no han disminuido y, al contrario, tienden a aumentar. Reaparecerán, sin duda, cualquier día.
La disputa tiene su epicentro en Cachemira, en las faldas de los Himalayas, en el norte del subcontinente indio, una región de doscientos treinta mil kilómetros cuadrados cruzada por los seis afluentes del río Indo, cuya agua es vital, insubstituible, para los dos países. Tanto India como Pakistán la consideran propia, por lo que cuatro veces en 75 años han levantado las armas para tratar de dirimir sus controversias. Pero todo ha sido inútil. Es un litigio pendiente, que empezó en 1947 y cuyo inicio es atribuido a Hari Singh, el poderoso y riquísimo maharajá del principado de Jammu y Cachemira.
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