El 22 de enero de 1506 el papa Julio II recibió a 150 mercenarios suizos, una fuerza valiente y leal que llegó a ser “la mejor de su época” y fue el embrión de la Guardia Suiza Pontificia, que hasta ahora brinda protección a la Santa Sede.
En resumen ese cuerpo lleva más de cinco siglos de tradición y solemnidad entre los muros de la ciudad del Vaticano, el Estado más pequeño del mundo con una superficie de apenas 44 hectáreas.
La dotación reglamentaria son 135 hombres. Su función es proteger al papa y su residencia, y acompañarlo en los viajes apostólicos, así como vigilar las entradas al Vaticano y servir en ceremonias y durante la sede vacante por renuncia o muerte del santo padre.
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