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Mundo Diners al día

Santiago Roncagliolo y el realismo mágico siniestro

por Juan Camilo Rincón

El demonio llega a la Lima colonial del siglo XVII para exponer las verdades de la Iglesia, de inquisidores y monjas, brujas y santas que se escabullen por los caminos del bien y del mal, tan semejantes. Ese es el argumento de 'El año en que nació el demonio', la nueva novela del escritor peruano Santiago Roncagliolo.

roncagliolo
Santiago Roncagliolo es uno de los referentes de la literatura peruana.

En la oscuridad interior se cuelan “danzantes desnudos, esqueletos de caballo y de ave, sangres de animales abiertos por la mitad, una cuna de Judas”. Es la oscuridad que envolvió un siglo XVII de hechiceras y sacerdotes, santas y brujas, inquisidores, virreyes y cortesanos. 

'El año en que nació el demonio' (Seix Barral, 2023) es la nueva novela del escritor peruano Santiago Roncagliolo, donde la Lima colonial de 1623 es escenario y protagonista de una historia donde el bien y el mal, tan semejantes, aparecen frente al mundo como uno solo tras el nacimiento, en el convento de Santa Clara, de un engendro de lengua bífida, ocho extremidades y dos cabezas.

Santiago Roncagliolo

Su idea inicial era escribir una novela sobre brujas del siglo XXI pero la investigación lo llevó al siglo XVII. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Debo decir que investigué para dar un par de detalles, pero quedé fascinado con ese universo. A mí siempre me interesan las figuras que nos aterran: monstruos, terroristas, asesinos, pederastas. Mis novelas tienen muy poca gente buena. Y eso es lo que me interesa: cómo hay gente que se convierte en un monstruo. En este caso me interesaban las brujas. Generalmente los monstruos encarnan los miedos de una sociedad; llamamos monstruo a alguien que es diferente y que no terminamos de entender porque nos da miedo, así que llamarlo monstruo nos permite deshumanizarlo y sentirnos más cómodos con lo que nosotros seamos. 

Y la bruja está muy relacionada con esa idea de lo monstruoso.

En su formación, el concepto de la bruja encarna muchos de los miedos y la necesidad masculina de culpar a las mujeres de los problemas que en la religión católica viene desde que nos expulsan del paraíso por culpa de una mujer. Encontré un manual de inquisidores que decía cosas como: si yaces con una bruja y no tienes potencia genital, no es culpa tuya, es culpa de la bruja. Si te posee el demonio y haces un hijo en el vientre de una mujer, ese hijo no es tuyo, es del demonio, o sea que ella debía ocuparse de ese hijo.

La idea de la brujería y el demonio permitía cargar la culpa sobre las mujeres, y eso me parece algo profundamente actual, que sigues viendo cuando violan a una mujer y hay gente diciendo: ¿cómo iría vestida?, ¿por qué salió tarde?, ¿estaba bebiendo? Me pareció que allí había algo que explicaba mucho de lo que aún somos y de cosas que están en debate ahora mismo. Me puse a investigar para esta novela, que iba a ser un proyecto muy diferente, pero luego encontré en el siglo XVII un universo fascinante, como de realismo mágico siniestro. 

Un siglo de poca literatura, además.

Es que ni siquiera hay novelas del siglo XVII. También por eso es tan extensa, porque hay mucho que contar; no hemos recorrido mucho ese siglo en la ficción. Eso también hacía que me encontrase con cosas sobre las brujas, historias de mujeres, que no estaban contadas. Siempre se trata de los virreyes, los inquisidores, los rebeldes… de hombres. Pero eran muy interesantes las historias de mujeres en un tiempo en que el único plan posible era ser esposa y cualquiera que no quisiese eso tenía que buscarse mucho la vida. Claro, había salidas y maneras de vivir diferentes, y las mujeres que lo intentaban y se rebelaban a su manera me parecían personajes muy interesantes, valientes y novelescos.

¿Cómo nació Alonso para narrar esta historia?

Yo quería contarla como una investigación. Vengo del género y nunca hago solo un thriller, pero sí me gusta que haya ese suspenso, que quieras seguir leyendo, entonces necesitaba un investigador. Los que se ocupaban de los temas sexuales, que eran los que me interesaban, eran los de la Inquisición. Su principal ocupación y su mayor volumen de casos −esto se ha dicho poco− eran los curas que abusaban de las feligresas; las solicitaciones, se llamaban. La Inquisición era como Asuntos Internos, una parte de la Iglesia que se ocupaba de los excesos del resto de la Iglesia, de los matrimonios inadecuados, las ideas raras, que generalmente tenían que ver con el sexo.

Las religiones originarias americanas, como creo que casi todas, pertenecen a sociedades agrarias, entonces valoran la fertilidad y la necesitan; la razón de sus religiones es que la tierra produzca y eso les da a las mujeres un papel espiritual especial porque ellas son fértiles como la tierra. En quechua la tierra es una mujer, la Pachamama. En cambio el catolicismo propende por que las mujeres solo se reproduzcan dentro de un ámbito muy controlado, con un marido cuyo linaje debe ser protegido, y entonces es inevitable que consideren estas religiones como producto del demonio. 

Y ahí aparecen el concepto de la bruja…

Exacto, porque se creía que estas mujeres eran brujas inspiradas por Satanás para hacer las cosas que sus religiones decían que no había que hacer. De esto se ocupaba la Inquisición, que buscaba a toda la gente con esas ideas “satánicas” y trataba de reprimirlas mientras a la vez reprimían el sexo. Por eso era casi inevitable que fuese un inquisidor. Lo que no quería es que fuese un poderoso y malévolo inquisidor, porque sí me interesaba que él empiece como un torturador, pero fuese dándose cuenta de que él no es muy distinto a los monstruos, y que él también es un monstruo. 

Es, como todos, un personaje de muchos matices.

Claro, porque va sucumbiendo a las tentaciones, descubriendo los deleites del mundo, y también se da cuenta de que sus jefes no son algodón de azúcar. Esto era muy posible en un alguacil porque ellos, según fui investigando, eran unos muertos de hambre, no cobraban sueldo, trabajaban por las migajas que les iba dando el poder; así buscaban entrar a esa muy reducida alta sociedad.

Alonso parte un poco de ahí. Me gustan mucho los perdedores, me dan ternura y él es un perdedor. Creo en esa idea de la banalidad del mal: la mayor parte del mal no está hecho por maldad pura sino por falta de imaginación, frecuentemente estupidez, egoísmo barato. Está hecho por perdedores que buscan una manera de dejar de serlo. 

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Acerca de Juan Camilo Rincón

Periodista, escritor e investigador cultural. Escogido entre las mejores crónicas de El Tiempo en 2014 y 2018-2020, y reseñista literario para ese diario colombiano. Libros publicados: Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Borges y Colombia, Viaje al corazón de Cortázar, Nuestra memoria es para siempre, y Colombia y México: entre la sangre y la palabra.
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