NOTA DE LIBRE ACCESO

Tochi Ponce: “La escritura me hace sentir una Houdini”

La escritora Tochi Ponce publicó ‘Citar es vulgar’. La editorial Doble Rostro apostó por este libro que reúne dieciséis cuentos.

Tochi Ponce en uno de los espacios de la librería Tolomeo.

Los cuentos de Tochi Ponce han sido publicados por Editorial Doble Rostro, en un libro donde explora las múltiples caras que aparecen en las complejas dinámicas humanas. Ella no cree en los finales felices. Contradictoriamente, no hay mayor alegría que conseguir una obra bien lograda. Esperemos que la misma no sea su punto final.

En medio de su reino de libros de segunda mano en la librería Tolomeo, en Quito, mientras viste un chaleco de su papá y lleva un gigante dije de búho de su mamá, la escritora conversa sobre su ‘Citar es vulgar’. Y aunque “deteste las citas”, los títulos de sus relatos y varias de sus frases marcan el compás de una diáfana charla. 

¿Se saca los ‘Complejos’ a la hora de escribir?

Sí. Escribir es terapéutico. Me saco los complejos y las iras. Eso sí, todo es ficción. No hablo de mi familia ni de mis amigos, pese a que todos tenemos algún complejo. Puede haber un hecho que me ayuda, pero no ahondo en la realidad: me escapo de ella. La escritura me hace sentir una Houdini. Se trata de inventar.

Pero, inventar es una tarea tan compleja como las dinámicas humanas que planteas…

Escribir una hoja puede ser un azote. Hay ansias y desesperación cuando sientes que no está bien. Quisiera escribir mucho tiempo, pero lo hago por unas dos horas al día, porque como que se me seca la inspiración. A veces solo queden unas notitas o ideas que sigues luego escribiendo. Ahora, también es complejo alcanzar la verosimilitud, porque hasta una historia de extraterrestres debe ser creíble.

“Yo quiero drama, no telenovela”, dice uno de sus personajes. ¿Esto resume su trabajo?

Nunca sé cómo va a terminar un cuento. Es como un partido de fútbol, está el pitazo inicial, pero no sabemos el resultado final. Tengo esa inspiración inicial, sobre todo cuando estoy enfurecida. Así va apareciendo el drama. No podría hacer una historia rosa. La Sandra Araya, mi editora, dice que mis cuentos son malignos. Necesito un grito, una pelea, hasta un golpe. Los finales no suelen ser felices. Claro, quisiera escribir una historia con final feliz, algo más rosa, pero debo decirte que esas historias son las más difíciles de contar. Pienso que hasta hay cierto facilismo en mi caso, porque todo dramatizo, exagero hasta en la vida misma.

Pienso en su cuento ‘Borrego Town’: ¿Escribir la saca del rebaño?

Me molesta que haya gente que siga a un líder sin cuestionar, mucho más si hay mujeres que lo siguen, aunque vaya en contra de nuestros derechos. Pero, más allá de lo político, siento que nunca fui parte de un rebaño. Creo en la diferencia y defiendo la originalidad. Fanatizarse por cualquier grupo, te esclaviza. Siento que pierdes la oportunidad de pensar en libertad. Soy de las que apuesta hasta por las rebeldías más tontas.

“Mejor escribe un cuento”, le dice Romina a Carmela. ¿Quién fue la Romina de su vida?

Tuve una persona a la que tendría que agradecer. En una época en la que me sentía con mucho trabajo, preocupada por las cosas de la casa, una amiga me dijo: “por qué no escribes”. Siento que mi historia de escribir es muy triste, porque empieza hace unos veinte años cuando pude haberlo hecho cuando tenía diecisiete. 

Leyendo ‘La Huesuda’: ¿por qué hay que llevarse bien con la muerte?

Le tengo miedo a la enfermedad, a envejecer, pero no a la muerte. No es que me haga la macha, como dicen mis hermanos, pero siento que hay algo mejor tras morir. Y te hablo más allá de ese ‘background’ que una tiene de lo católico, porque lo que siento es que al fin hay un descanso. De alguna manera, también, la muerte inspira.

Lectora voraz, librera reputada. ¿Cuánto conflicto hay cuando Tochi Ponce evalúa sus textos?

Uy, sí hay carga. Es todo un reto. Por eso muchas cosas se han quedado en el cajón. Leyendo a tantos monstruos en el mundo, viendo el gran trabajo de las escritoras ecuatorianas, una sí tiene recelo. Las comparaciones siempre aparecen. Lo que sí me propuse, a diferencia de mis libros anteriores, es no autopublicar. Este libro de cuentos le mandé a la Sandra (Araya, de Doble Rostro) y a la Paulina Briones (Cadáver Exquisito). Sandra se mostró interesada y tuve una gran edición. Una se siente bien publicando así, porque no hay un afán de vanidad, sino de autorrealización.

Espero no se bloquee como tu personaje Baltasar. ¿Qué está preparando?

Mi nuevo reto es escribir una novela corta. Voy unas treinta hojas. Veamos cómo van esas iras y esa inspiración (ríe); eso sí, nunca copio nada. Como te decía: hay que tratar de ser original para alejarte del rebaño.

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