Paúl Calderón, nueva generación del realismo ecuatoriano

Paúl Calderón, nueva generación del realismo ecuatoriano

Una fotografía pictórica de un momento. La belleza femenina que bordea lo erótico. Para describir el realismo del artista plástico ecuatoriano Paúl Calderón Taipe (Quito, 26 agosto 1988) no se requiere esfuerzo. Fluye solo. Retratos con mucha sensualidad. La búsqueda de igualar la realidad lumínica desde el ojo humano.

Paúl trabaja exclusivamente con la luz del día. El Sol regala la luminosidad perfecta hacia los lienzos. Por eso, es un renegado de trabajar por la noche. Aún así, se dedica más de 8 horas diarias a su lenta y laboriosa labor. Muy centrado, a sus 33 años de edad.

Revista Mundo Diners conversó con el pintor quiteño desde su taller en el norte de Quito. Un espacio dividido para toda la familia, donde abundan miembros dedicados a la pintura y arquitectura.

Paúl Calderón acumula decenas de cuadros de diversas dimensiones. Hay grandes caballetes en vez de armarios y la casa brinda una fresca temperatura a pleno mediodía en la capital.

En el siguiente video, explica su obra en pocas palabras:



Los padres de Paúl, Jaime y Elizabeth, fueron los ‘culpables’ (en un buen sentido) de inclinar la vida de Paúl hacia el arte. Sus progenitores se conocieron en la facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador (esto lo explica todo). Dos hermanos de Paúl se dedicaron a la arquitectura. Él fue el único que siguió el sendero profesional de sus padres.

Desde pequeño, Paúl “tenía claro” que quería ser pintor. Su casa estuvo todo el tiempo inundada de textos relacionados a las obras de Fernando Botero, Francisco de Goya o Sandro Boticcelli. Se enamoró prematuramente del romanticismo y lo figurativo.

A la par, las recordadas caricaturas japonesas de los años 90 (como Dragon Ball o Pokémon) influyeron en los tempranos trazos de este joven artista plástico. Rayaba cuadernos enteros estilizandos formas del género ‘Anime’.

A los 18 años de edad entró a la UCE. A los tres años quedó desencantado de las enseñanzas de esta casa de estudios. Se retira de la facultad de artes. Lo conceptual y las tendencias muy contemporáneas no eran lo suyo. “Lo figurativo es lo mío” y punto.

“Experimenté con muchos materiales. Al final, me quedé con el óleo. Pude sentir sus texturas y cómo mezclar. Ya no me dediqué a hacer dibujos. Me siento cómodo con este material y no me familiarizo con el acrílico”.

Paúl Calderón, el origen

Es un fanático consumado de la estética y juego de luces de las obras del pintor hiperrealista chileno Claudio Bravo y del francés Edgar Degas. Por el lado de los ecuatorianos, los retratos cotidianos e imágenes religiosas de Joaquín Pinto están entre sus piezas idolatradas.

Desde 2017, Paúl Calderón visitó museos europeos como el Louvre (París), Museo del Prado (Madrid) o el Museo Europeo de Arte Moderno (Barcelona). Esto cambió su perspectiva. “Fue muy diferente ver los cuadros de tus ídolos en persona que en los libros”.

Desde allí, su proceso involucra bocetar a lápiz inicialmente sus cuadros. Luego, busca modelos femeninas con rasgos naturales, muy latinoamericanos. Realiza una sesión fotográfica y elige sus mejores fotografías. Desde allí, pinta óleo sobre lienzo  su mejor fotografía.

“Quiero que haya mucha sensualidad en el cuadro, sin caer en lo erótico. Evito tocar temas sociales o políticos en mis pinturas. Solo la belleza natural. En las modelos me gustan las pieles morenas (…) con el óleo, ya conozco la intensidad de los colores y sus tonos. Eso no puedo hacer con el acrílico”, cuenta.

Su carrera empezó desde 2011. Sus exposiciones incluyen una exposición individual en el Centro Cultural Metropolitano (2013) y otras internacionales en Malasia y Puerto Rico (2011).

Sus premios más recientes incluyen el primer premio del Salón Nacional de Pintura Luis A. Martínez edición 2020 (Ambato) y el primer premio del IX salón Nacional de Artes Plásticas ‘Magdalena Dávalos’ (2022) con la obra ‘La Coronación’, de tinte barroco y colonial, que incluyó a dos modelos.



Su archivo incluye unas 300 obras. Su nueva colección enmarcará imágenes de modelos en talleres de artistas. Está convencido de la eterna disciplina necesaria para dedicarse a la pintura, porque “no me voy a dedicar a nada más”, dice.

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