‘Pájaros en la boca’, de Samanta Schweblin

Penguin Random House, Argentina, 2017

Las historias pueden suceder en cualquier sitio del mundo, en una isla, una ciudad, un desierto, una montaña. El absurdo caso de un hombre demasiado pequeño que no puede alcanzar las cacerolas ni la puerta del refrigerador ni preparar una omelette.

Su mujer, que es quien le pasa los implementos, yace muerta en el piso. Historias insólitas que no muestran ningún drama. Personajes a los que cualquier palabra o movimiento pueden desequilibrar y provocar una oleada de reacciones… humanas. La sobredimensión de la condición humana precisamente. Pero en estos cuentos todo parece ser normal.

Se dan giros inesperados en la actuación de los personajes. Finales imprevistos, irónicos, que descolocan al lector, levantándolo de su asiento para soltarlo luego como un fardo inútil.

Como ir en una montaña rusa y tener deseos de vomitar luego de tanto sacudón, para sentir al final el placer de haber accedido a semejante licuefacción de adrenalina. Y ser un personaje más al que no le importa finalmente si hay muerte o desaparición pues una termina estremecida ante las alas de la mariposa muerta, el eterno cavador de un pozo, la reversión de un embarazo, la creencia infantil en Papá Noel.

Hay un hombre-sirena y hay cabezas contra el asfalto. Hay una última vuelta y pájaros en la boca.

Pajaros en la boca schweblin


La sicología de los personajes es diseccionada y servida a la mesa en arquetipos bien montados: la madre, el héroe, la sombra, el ánima y el ánimus, el sí mismo dispuestos en cada cuento, donde el manejo de las palabras es acabado y la escritura fluye de principio a fin.

Por eso, Schweblin se ha convertido “en una de las voces fundamentales de la literatura argentina contemporánea”.

(Jennie Carrasco)

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