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Mundo Diners al día

Montevideo, una puerta y la obsesión de Vila-Matas

por Fernando Larenas

En la mayoría de los resúmenes de libros en español publicados en 2022 figura Montevideo, de Enrique Vila-Matas, Barcelona (1948), una novela de “ficción verdadera” como ha sido calificada por la prensa de España.

Bajo el sello Seix Barral, de Editorial Planeta, el escritor se propuso descubrir in situ los misterios encerrados en una habitación del antiguo y céntrico hotel Cervantes de la capital uruguaya, a partir de un cuento de Julio Cortázar (1914-1984).

La historia la podríamos resumir así: En la habitación 205 del hotel Cervantes existe una “puerta condenada”, cerrada o clausurada, y tapada por un armario. Se trata de una puerta ciega, pero al otro lado, al parecer, hay vida.

El cuento de Cortázar pertenece tanto al mundo de la ficción como al real y el cuarto contiguo encierra un tremendo misterio, pero también una coincidencia que el escritor pretende desentrañar.

Resulta que en la misma época que el autor de Rayuela se hospedó en ese hotel (entre noviembre y diciembre de 1954), otro escritor argentino Adolfo Bioy Casares (1914-1999) se alojó en el mismo hotel y escribió un cuento paralelo acerca de La puerta condenada, que es el nombre del cuento de Cortázar.

Tanta coincidencia despertó la inquietud de Vila Matas que, apenas se le presentó una oportunidad viajó a Montevideo para tratar de resolver un enigma con los recursos de la novela de ficción y también del ensayo, incluso de un relato a ratos fantástico.

La búsqueda incesante de la puerta

El escenario que encontró el escritor catalán era muy diferente al que hallaron Cortázar y Casares. El hotel ya no se llamaba Cervantes, el edificio había sido remodelado, pero obstinado u obsesionado por la puerta, tal como él mismo admite, encuentra la habitación.

Otro de los misterios imprescindible de resolver era que en la habitación detrás del armario y de la puerta condenada un niño lloraba durante la noche, incluso su madre intentaba consolarlo, pero no lograba acallar el llanto.

En el cuento cortazariano se dice que en la única habitación al lado de la 205 no había ningún niño y la mujer que se hospedaba vivía sola, pasaba todo el día fuera por su trabajo y llegaba tarde por la noche.

Cuando el escritor llega el hotel ya no se llamaba Cervantes, sino Esplendor; el recepcionista no tenía antecedentes de que Cortázar se hospedó allí. Solo sabía que en el Cervantes había cantado Gardel y entre los huéspedes ilustres figuraban Borges y Atahualpa Yupanqui.

Y, en efecto, había aún una habitación con una puerta tapada por un armario, Vila-Matas comenzaba a desenredar la historia a partir de su propia experiencia como huésped durante una noche, pero ¿se aclara el enigma?

El libro tiene seis capítulos y es precisamente el de su experiencia en Montevideo del que se origina el nombre de la novela de ficción o de ensayo sobre un episodio fantástico como el mismo autor califica.

El yo literario de Vila-Matas

Como dijo el autor en una entrevista a El País: “Escribo ficción desde un espacio que suelen ocupar los ensayistas: un yo literario visible. De hecho, lo que se escenifica en cualquiera de mis libros no es exactamente una trama, o una serie de ideas, sino a mí mismo tramando, pensando o escribiendo bajo el avatar de un narrador”.

El ensayo es mucho más claro en el primer capítulo en el que relata su experiencia en París, ciudad a la que llegó muy joven con la idea de encontrar buenas experiencias que lo ayuden a consolidarse como escritor.

Pero a lo que realmente se dedicó fue al tráfico de hachís, marihuana y cocaína “y no me fue posible dedicarle a la escritura ni un minuto”, admite en primera persona, que es el tiempo que maneja durante todo el relato.

En las fiestas baratas con exiliados españoles de la época de Franco contaba a sus pseudoamigos y conocidos sin excepción –¿Ya sabéis que he dejado de escribir? Y en seguida le saltaban a corregir: -¡Pero si tú no escribes!

En París -continúa el relato- era muy raro no escribir. Cita a Ciorán cuando la portera de su inmueble le comentaba: “los franceses ya no quieren trabajar, todos quieren escribir”. El oficio de escribir lo explica mejor con una cita de Bolaño:

“Es un oficio bastante miserable, pero es que, además, está poblado de tontos que no se dan cuenta de la fragilidad inmensa, de lo efímero que es”. Aunque aclara que al escritor chileno le gustaba estar en desacuerdo con todo.

Reikiavik, Colombia…

Tal vez a modo de transición de sus peripecias en París para continuar a Cascais o Cascaes cita al poeta estadounidense John Ashbery: “Después de vivir en París es imposible vivir en ninguna parte, incluido París”.

El capítulo Reikiavik es de apenas un párrafo solo para contar que en la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de sus casas o las lanzaban al mar y donde estas encallaban se instalaban como obedeciendo al destino, y así se fundó la capital de Islandia.

A Colombia llega justo el día de un censo nacional en el que nadie puede salir de su casa. En un titular de El Tiempo se leía “nos censan para ver cuántos quedamos”; y aquí también se repiten sucesivas historias sobre puertas.

Para explicar mejor su fascinación por las puertas recurre a un proverbio chino: “La puerta mejor cerrada es la que se puede dejar abierta”.

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Acerca de Fernando Larenas

Periodista. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.
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