‘Mindotown’, de Santiago Peña Bossano

Manzana Bomb!, Quito, 2017

Santiago y Roberto, los narradores de la historia, pueden irse al cuerno como toda la travesía que nos refiere la primera novela del quiteño Santiago Peña: Mindotown.

Ello porque su historia parece retomar ese instinto por el paseo vital/cósmico que tenían los beatniks: está inyectada de un espíritu jovial donde las sensaciones son muestras de desesperanza, y la pérdida no se transforma en drama, apenas en desorientación.

El lector se topará con una exuberante descripción de la naturaleza. No hay desarrollo de las emociones ni un tratamiento narrativo que nos acerque a un drama, a un nudo, a un clímax, a un desenlace. Roberto, gurú de la novela, dialoga con una fauna de personajes asentados en las ramas y sonidos animales de un pueblo, perdidos en su follaje.

Peña Bossano presenta una novela refrescante donde la exuberancia del paisaje se traga los conflictos de los personajes. El vértigo de la narración nos remite al Ray Loriga de Lo peor de todo. Mindotown propone la vida como una acuarela: todo se pierde en la belleza difuminada.

Mindotown


En 2015 Peña Bossano ganó el Premio Aurelio Espinosa Pólit con un ensayo que reflexionaba sobre una estética donde lo efímero merece otro tipo de narrativa: para él, la circularidad de una historia ha muerto en el siglo XX y es necesario escribir novelas donde no se sienta más que vacío, falta de esperanza y la sensación de una obra inacabada.

Si Calderón de la Barca decía que la vida es sueño, para Peña Bossano es un coqueteo andrógino con las palabras.

(Juan Carlos Moya)

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