Otro lado artístico de Miles Davis: la pintura

La figura de Miles Davis es clave dentro del jazz y la música popular estadounidense. El famoso trompetista y compositor ha influenciado a generaciones futuras en su género. Sin embargo, hay una cara oculta en su gran magnificencia creativa: como pintor. Un escape necesario en una época muy agitada de su vida.

Al gran genio del jazz se le conoce muy poco como artista plástico. Esta inclinación de Miles Davis nace a mediados de la década de 1950, en pleno apogeo de sus álbumes como ‘Blue Moods’ (1955) o ‘Round About Midnight (1957). Pintar fue su terapia, sobre todo durante su adicción al alcohol, la cocaína y como una manera de recuperarse tras su accidente automovilístico de 1972.

Su lenguaje iba más allá del jazz. Quería explorar cómo llevar a lienzos lo que escuchaba en su cabeza. Presentía la sinergia posible entre la música y las artes visuales.

Miles Davis nació el 26 de mayo de 1926 en la localidad de Alton (Illinois) y se crio en un vecindario de clase media de East St. Louis. Desde los 12 años tomó sus primeras clases de trompeta. Se inspiró para convertirse en músico en la década de 1940 y recibió educación empírica al lado del gran saxofonista Charlie Parker.

Desde allí, Miles se convirtió poco a poco en un pionero de la era del llamado cool jazz. Un innovador que exploró sus propios límites, tal como lo dejó plasmado en los discos Sketches of Spain (1960) y Bitches Brew (1970).

Su pasión por la creación de arte se solidificó en las dos últimas décadas de su vida. Complejo, deslumbrante, luminoso y colorido. El reconocido músico logró traducir su sonido a los lienzos, inspirado en artistas que le gustaban mucho, tales como Pablo Picasso, Jean-Michel Basquiat o figuras humanas muy geométricas con tendencias tribales.

Miles fue autodidacta hasta principios de 1980, cuando se dispuso a recibir clases de la artista Jo Gelbard, quien le enseñó las principales técnicas de pintura. Ellos eran vecinos en Nueva York e incluso tuvieron un breve romance.

El arte “viene después de conciertos. No es una liberación, es una continuación (de la música). Dibujaba desde los cuatro años de edad, aunque hago pinturas desde 1980”, respondía Miles Davis en una entrevista de 1989.

La pareja con frecuencia creaba pinturas juntas, entablando una especie de diálogo a través del arte

Luego, en 1982, el jazzista sufrió un ligero infarto. Como consecuencia, terminó con una mano congelada. El médico le aconsejó que sostuviera un lápiz como medio de recuperación. Esto le ayudó significativamente.

Comenzó a dibujar más. Esto lo llevaría a través del último capítulo de su vida.
En 1983 declara al mundo la práctica de su íntima disciplina. Fue el año en que publica su disco ‘Star People’ que tiene como portada una de sus pinturas.



Otro ejemplo es su disco de 1989 titulado ‘Amandla’.

Con un autorretrato y un dibujo abstracto de una trompeta, se observa una pieza multifacética que invoca cromáticas relacionadas al continente africano. Orgulloso y confiado, expone de esta manera parte de sus obras. ¡Y vaya de qué manera!

Durante su penúltimo concierto en agosto de 1991 en París, el legendario trompetista actuó con un telón de fondo con enormes ampliaciones de sus pinturas.

El libro ‘The arts of Miles Davis’ se publicó unos meses antes de su muerte, declarada el 28 de septiembre de 1991 a causa de una hemorragia cerebral. Sus páginas ofrecen muchos de los bocetos rápidos y lienzos del consumado artista estadounidense, desde lo figurativo hasta sus piezas llenas de abstracción.

Sin su trabajo en la música, el jazz moderno sería una entidad completamente diferente de lo que es hoy. Una figura imprescindible en la cultura pop del siglo XX.

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