El lenguaje evolutivo de Camilo Egas
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El lenguaje evolutivo de Camilo Egas

Señalaba el crítico Hernán Rodríguez Castelo que este Camilo Egas, “inquieto y brillante artista quiteño, nacido en 1889, por más que hizo con lucimiento estudios en la Escuela de Bellas Artes de Quito y los perfeccionó en academias europeas –Real Academia, Roma; Academia de San Fernando, Madrid; Academia Colarroise, París– nunca fue académico”.

En su primer viaje a Europa, en 1911 –cuando fue como becario, junto con José Abraham Moscoso y Nicolás Delgado–, Egas no fue impactado aún por el impresionismo francés, sino que llegó a Roma y se acogió al magisterio tradicional de Sartorio, Quatrocciochi y Bistolfi. 

La conmoción bélica que estalló en 1914 hizo imposible la permanencia de los jóvenes becarios ecuatorianos en Europa.

De suerte que será a su retorno, y de mano de Paul Bar, que Egas se introducirá a esta tendencia del arte moderno que, para el Quito provinciano de principios de siglo, lucía revolucionario. Bar fue el maestro que sacó a los alumnos de las aulas de la vieja Escuela de Artes en la Alameda, y los enfrentó a la luz, confrontándolos al reto de pintar los efectos de ésta sobre las cosas.

Del impresionismo lo que más atrajo a Egas fue la luz y la mancha certera, explicaba Rodríguez Castelo. Sin llegar a los rigores extremos de la tendencia, el joven quiteño exaltó con colores luminosos figuras de talante más bien realista en su dibujo, y sólidas en su resolución volumétrica. 

La obra más interesante de Egas es la relacionada con el tema del indígena. Una lectura de las telas pintadas con esta temática en el largo tramo que corre desde 1918 hasta comienzos de los cuarenta, muestra el paso que se irá afirmando hasta desembocar en un neoexpresionismo fuerte.

Egas es el primer pintor ecuatoriano en tratar el tema del indio como una totalidad, y su interés en la materia le llevó incluso a hacerse de una pequeña colección etnográfica.

Según Jorge Díez, crítico de la época, aparece como adelantado de una nueva manera de ver y hacer ver al indio. Muchos han pintado indios, “pero ellos –aclara Díez en una conferencia en 1938– pintaron indios como habrían podido pintar naturalezas muertas: tan solo por el valor decorativo del indio y de su indumentaria”.

Pudo haber añadido que lo hicieron en el clima de un romanticismo católico paternalista y con ciertos dejos compensatorios, velando una sórdida realidad que la burguesía terrateniente no quería ver ni dejar ver. “Nunca intentaron, como Camilo Egas, hacer del indio ecuatoriano la expresión más enérgica de la raza, del documento vivo más interesante”.

Ya desde 1918 había roto con un fácil y superficial pintoresquismo, buscando entender la condición del indio y del mestizo dentro de la tierra y en contacto con ésta. Lo hizo en términos de un sobrio realismo. Envió al Mariano Aguilera tres telas: SanjuanitoLos sahumeriantes y Las floristas, y el jurado llamó la atención hacia la relativa novedad y alta calidad de la obra concediéndole el Primer Premio de Pintura. Posteriormente, con una obra de tendencia impresionista ganó el Primer Premio en el Mariano Aguilera de 1923.

Hacia 1925 abrió la primera galería de arte en Quito. Fue sala de exposiciones, pero era también taller del artista y centro de interminables charlas. Se trasladó a Nueva York en 1927, y años más tarde, posiblemente bajo la influencia de la crisis económica del 29, pintará desde una propuesta expresionista Calle 14, fechado en Nueva York en 1937, como un reflejo de la desolación que presencia.

En 1939, el gobierno ecuatoriano le encarga la realización de un mural para el pabellón ecuatoriano de la Feria Mundial neoyorkina, trabajo en el que colabora Eduardo Kingman. Egas vive un período expresionista de estupenda madurez, pero, siempre inquieto por renovarse, a muy poco de dominado ese estadio, deriva hacia otro.

Esta vez su diálogo será con el superrealismo. Al año siguiente abre en Nueva York una muestra en esta línea y en ella se mantendrá una década larga, buscando la síntesis entre la lucidez denunciadora del expresionismo y el irracionalismo buceador en honduras del superrealismo. 

Como artista, Camilo Egas vuelve a cambiar de interlocutor en su diálogo con la modernidad y se da a recuperar antiguos ejercicios cubistas, pero siempre en procura de aquellas síntesis que dejan en el centro un insobornable testimonio de la condición de los seres humanos en un mundo duro y deshumanizado.

No extraña entonces que en un último período se vuelque hacia maneras herméticas, deshaciendo contornos y nitidez en las situaciones y en los seres para sumirlos en un juego de reflejos, donde la luz a la vez que esconde, revela. 

Fotos: Víctor Vergara

Camilo Egas

(Quito, 1889 – Nueva York, 1962)

Sus estudios: Escuela de Bellas Artes, Quito; Real Academia, Roma; Academia de San Fernando, Madrid; Academia Colarroise, París.

Premios: Medalla de Oro, Concurso Universitario del Cartel, Quito 1909; Premio Salón Amatori e Cultori delle Belle Arti, Palazzo Nacionale, Roma, 1911; Primer Premio Pintura Salón Mariano Aguilera, Quito, 1918; Primer Premio Pintura Salón Mariano Aguilera, Quito, 1923; Premio de la American Academy of Arts and Letters y The National Institute of Arts and Letters, Nueva York, 1962. Seleccionado por el gobierno ecuatoriano para realizar el mural del pabellón ecuatoriano en la Feria Mundial de Nueva York, 1939.

Exposiciones individuales importantes: Museo de Arte Colonial, Quito, 1956; Primera retrospectiva, Quito, 1962; Banco Central del Ecuador, Quito, 1981.

Participa en exposiciones colectivas en Ecuador, Estados Unidos y Europa. (HRC, revista # 137 – MCC)

Fuente: Libro 100 artistas. Camilo Egas. Archivo Dinediciones

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