Jaime Zapata, más allá del maestro

Jaime Zapata. Su nombre retumba en las esferas de las artes en el Ecuador. Querido por muchos, por otros no tanto. Así lo dice. Sin embargo, son más de 50 años de experimentación con el dibujo y el óleo. Eso no se lo debe a nadie. Simple exploración autodidacta que lo ha llevado a pulir los rincones más lejanos del realismo y los recovecos de lo figurativo.

Nuestro último acercamiento con el maestro Zapata fue en agosto de 2018. Un rockstar del perfeccionismo. De su obra se ha hablado mucho durante décadas. De su imagen, se juzga demasiado o su supuesto ego o marcada distancia con los seguidores de su obra. Una vez más, evidenciamos esa falsa capa de realidad.

Zapata sigue y seguirá vigente. No solo por la pulcritud de sus trabajos de gran formato y su inacabable búsqueda de aprender. “Apenas estoy comenzando”, dice. En entrevista para Revista Mundo Diners, conversa en esta ocasión sobre lo banal que invade su vida, de la astucia para continuar. De la necesidad de estar activo al menos otros 10 años más.

Desde el interior de su casa-taller, ubicado en el barrio San Marcos del centro histórico de Quito, Zapata aparece de nuevo. Renovado físicamente. Francia le ha caído muy bien en los últimos 35 años, sin duda. ‘Zapata íntimo’ es su más reciente muestra. Un aglomeración ordenada de sus más reciente series tituladas ‘Trazos íntimos’, ‘Matinales’ y ‘Caos invisible’.

Jaime Zapata
Exposición ‘Zapata íntimo’ en la casa-galería de Jaime Zapata en el centro histórico de Quito. Foto: Víctor Vergara

Entusiasta por sus próximas exposiciones en Chile y Europa, el maestro Zapata responde varias preguntas sobre su cotidianidad y metas a corto y largo plazo. Una oportunidad para sumergirse en lo que muchos pasan por alto. La humanidad. El ser.

¿Dónde vives?, ¿en cuál parte de Francia?

 – Ya no vivo en París. Ahora vivo en el sur de Francia, en Montpellier, cerca de la costa del mar Mediterráneo. Es una ciudad muy linda. Es una ciudad de jóvenes. Muy viva. Trabajo mucho allá. Soy parte de algunos colectivos con jóvenes y artistas contemporáneos. Hay muchos músicos. Retornaré en septiembre (de 2022) para seguir trabajando.

¿Extraña al Ecuador desde Europa?

 – Lo que extraño son las montañas. Esta cosa mágica de Quito. Yo voy a correr por el Itchimbía en las mañanas y cuando subo miro la Basílica y esta magia que se trepa las montañas y el Panecillo. La ciudad, la montaña y el Pichincha es lo que extraño, porque Montpellier es plana, no hay nada de eso ahí.

Mucho se ha debatido sobre su obra. Tras varias décadas de abundante producción, ¿en qué momento se encuentra hoy?, ¿cómo define esta fase?

– Ha sido un viaje muy largo. Primero porque vengo de un barrio del sur de Quito, donde tuvimos una educación básica y elemental que, para alguien con un espíritu como el mío, eso era muy poco. Quería ser más libre. Tengo ahora un hijo en Francia que tiene 17 años, que le he seguido, le he acompañado y me he dado cuenta cómo la educación cambia mucho a la persona. Entonces, esa es una gran diferencia. En mi caso, en mi adolescencia empecé a buscar sin saber lo que buscaba, sin conocer lo que buscaba.

Si me preguntas eso, estoy entonces en el mismo punto (risas). Creo que estoy apenas empezando. Empezando a descubrir quién soy yo. Los viajes me ayudaron a conocer otras maneras de vivir y amar (…) Luego descubres que eres otro, cuando vuelves a la realidad. Con humildad, si se le puede llamar así, vuelves al mismo punto de donde uno es y de donde uno salió.

En mi sentido personal, he caminado tanto, tanto y tanto, que, cuando regreso (al punto inicial) estoy en un mundo que no ha crecido. Es postrado. Que no avanza. Todas esas cosas en mi viaje hacen entender lo que hago, desde que empecé a pintar cuando tenía 15 años.

Quise ser escultor. Después me fui a la pintura, debido a las dificultades, no habían los materiales necesarios para ser un buen escultor como el bronce, barro o el yeso. Lo máximo que aprendí a hacer fue el modelado. La pintura y el dibujo fueron más simples. Eso me llevó a otras esferas. Tomé varios grados de conciencia, de la sociedad y el universo.

El otro asunto que me empezó a preocupar cuando empecé a pintar fue ‘el para qué sirve esto’, el existencialismo profundo y el pensamiento.

¿Consideró alguna vez regresar a la escultura?

Sí he vuelto, aunque la escultura es muy celosa. Se necesita dedicarle mucho tiempo, tener un buen taller, ejercer el proceso y todo lo demás. Se necesita trabajar en equipo, es más complicado. La pintura es más simple, más íntimo.

¿Cuáles son tus preocupaciones actuales?

– Mi preocupación siempre ha sido por el ser humano, por su existencia y entender los problemas del mundo contemporáneo: el dónde estoy y en qué momento de la historia estoy o a dónde pertenezco o a dónde va el mundo. Por ejemplo, lo que sucede en Ucrania ahora o la pandemia por covid-19. Buscar un entendimiento de todo eso.

Todo ese tipo de movimientos en el que no tenemos la posibilidad ya de decidir. Hay cuatro o cinco países que se reúnen y grandes consorcios que deciden qué va a pasar en el mundo mañana. Además, la ilusión de que tenemos este mundo abstracto a través del internet o Whatsapp. Vivimos ahora en ese mundo. Sin embargo, el ser humano es el mismo de siempre: el que sufre, el que se enoja, el que traiciona, el que ama; es el mismo ser a pesar de la mejor tecnología.

En este contexto, la figura femenina siempre permanece en su obra. ¿Cuál es el mensaje reflexivo o rol de la mujer en su obra?

El primer recuerdo visual de realidad para mi, desde el momento en que abrí los ojos, debió ser mi madre. Aparte de lo visual, hay el recuerdo afectivo y sensorial. En eso quizás nosotros los artistas tenemos la capacidad de guardar estos momentos.

La mujer siempre ha estado presente en mi vida. Yo amo a las mujeres. No hay misterio. Me gustan mucho. También, son el futuro de la humanidad. El hombre seguirá siendo un zángano o parásito a veces que cree tener mucho poder, pero en el fondo no es así.

También en el ejercicio del trabajo y el estudio de su anatomía, me he dado cuenta que es un lindo pretexto para pintar. Significa estar bien acompañado, te hace sentir bien y hace estar más cargado con significados un cuadro, más allá de una naturaleza muerta o un bodegón.

Desde su punto de vista, ¿hacia dónde va el arte contemporáneo? (vea el siguiente video)



Usted ha vivido más de 35 años en Francia, ¿Qué le ha dejado el país europeo a escala integral?.

Cuando me fui de Ecuador, me fui con material para poder seguir. Pero me equivoqué al ir porque en Francia estaban realmente fuera de lo que yo hacía. Inmediatamente se me catalogó como un pintor latinoamericano dentro de lo que yo hacía, aunque eso fue absurdo porque siempre estudié a los artistas europeos. Yo me sentía un pintor de vanguardia, cerca de los que admiro como Picasso o Dalí, que son inmensos y que no pasan de moda.

En un momento pensé que iba a ser acogido por los franceses pero no fue así. Ellos ya no pintan desde hace 60 años. Ahora tienen ideas conceptuales, ya no tienen preocupaciones sociales sino más bien un lado estético, incluso minimalista.

¿Cuál es el concepto de su exposición más reciente ‘Zapata íntimo’?

Se llama íntimo porque a veces es una pintura que yo muestro y las guardo luego pensando que es una obra muy personal. Son muchos retratos o situaciones cercanas a mí. Es una pintura muy intimista.

Por otro lado, esta exposición servirá para escoger las obras que se irán en el mes de noviembre (de este año) al Museo Casa Vergara de Viña del Mar (Chile). Es una invitación importante. Otras piezas formarán parte en la creación de una fundación y academia que me gustaría tener para jóvenes artistas e invitados, incluso una cafetería.

La mayoría de sus obras en esta muestra tienen fechas de 2020 y 2021, la pandemia no afectó su ritmo de trabajo entonces…

Para mí fue lo mismo de siempre, porque siempre trabajo en mi taller solo. Lo que sí cambiaron fueron las salidas en las noches en los bares y cafés. Me gusta estar con la gente.

Por otro lado, la soledad me dio tiempos de reflexión. No me asusté, pero sí estaba preocupado por mi mamá y las noticias en Ecuador. A tal punto, que en Instagram empecé unos segmentos llamados ‘matinales’ que servían para dar ánimo a la gente para que salgan a correr o hacer ejercicios y demostrar que yo estaba vivo y que hacía mucho deporte, por eso hice una exposición posterior que se llamó ‘Matinales’. La idea era generar un lado positivo de la pandemia.

 Usted habla sobre redes sociales, ¿Cuál es su relación con las plataformas digitales y con los seguidores que buscan su obra?

Las redes sociales son conocimientos a medias. No son reales. Si no se tiene contacto con la persona real, no sirve para nada. A nivel de pinturas, estudio a muchos pintores, veo muchas pinturas pero uno termina empachado de tantas imágenes, que al final no te ayuda a vivir. Sí uso YouTube, me parece espectacular, es otra forma de educación.

En cuanto a transmitir mensajes, considero que es muy peligroso, porque es muy fácil equivocarse o muy fácil hacer daño a través de redes sociales.

Aunque es la novedad, así como aparecieron los teléfonos por primera vez. Facebook es solo un gran negocio de control de personas.

Volviendo a su trabajo, ¿alguna vez consideró moverse en otros géneros artísticos aparte del realismo y lo figurativo?

Yo tengo una personalidad expresiva y salvaje. En la serie de ‘Huesos’ yo manejé un asunto muy orgánico, me salía sin pensarlo y automático. Me salía por las venas. En lo abstracto no me he metido porque no es que no me guste, más bien me encanta, pero en algún momento hubo mucho, demasiado de ello.

En lo figurativo para mí ha sido una misión para pintar como los grandes maestros. Cuando lo logre, ese día haré lo que me dé la gana (risas). Todavía siento que no he aprendido todo. Por eso quiero irme a San Petersburgo. Yo todo lo que he aprendido lo he hecho solito.

En los próximos años quiero hacer una gran obra mayor. Todavía no considero que mi obra esté visible en algún cuadro. Quiero encontrar el dinero, la paz, la tranquilidad y el amor para dedicar cinco o diez años para experimentar y hacer lo que quiero hacer.

¿Qué buscará en San Petersburgo?

Yo tuve contacto con los profesores de la Academia Rusa de Bellas Artes Iliá Repin. Fui hace seis años y la última vez hace tres. Este año debía ir a hacer un curso. Quiero lograr que esa academia también venga a formar e instruir acá (al Ecuador). Serían seis años de formación impresionante.

¿Cuáles serían sus consejos para los jóvenes artistas plásticos ecuatorianos? (vea el siguiente video)



¿Sus próximas metas?

Del Ecuador me gustaría conocer más, más allá de lo típico. Ahora estoy pensando en irme a la Amazonía en algún momento, sobre todo por una próxima exposición que tendré sobre ese tema en París para octubre de 2022. Quiero seguir conociendo el mundo. Quiero irme a China, hay muy buena pintura allá y Estados Unidos para mostrar mi obra.

Estoy buscando también que la misma exposición en Chile se vaya a Roma y luego a Madrid en 2023.

Más sobre Zapata:

*1957: Nace el 26 de noviembre en Quito. Crece con su madre, Yolanda Zapata en el barrio de Chimbacalle en Quito. Estudia en la escuela fiscal Argentina.

*1969: Inicia el taller de pintura en el Colegio Montúfar de Quito, donde enseñaba el pintor Carlos Rodríguez. Forma también parte de la selección de gimnasia olímpica del colegio y luego de la provincia.

*1974: Asiste al Colegio de Artes Plásticas de la Universidad Central en Quito, donde se especializa en escultura.

*1977: Viaja a Lima y trabaja en el taller de Miguel Gayo.

*1978: Asiste a la Facultad de Artes, Universidad Central del Ecuador. Se destaca en el taller libre, dirigido por Carmen Silva

*1979: Viaja a Santiago de Chile para encontrarse con el pintor estadounidense radicado en Chile Thomas Daskam.

*1981: Visita museos en Estados Unidos y México.

*1982: Se casa con Carmen Daskam, hija de Carmen Silva y Thomas Daskam y se instalan en Conocoto.

*1983: Nace Jorge Andrés, su segundo hijo.

*1984: Obtiene el Premio de Pintura de la Aviación Civil del Ecuador. Viaja a Madrid y París. Se instala en el barrio de La Floresta en Quito.

*1986: Viaja a Brasil como artista invitado al taller de litografías IMAGOS en Sao Paulo.

*1987: Viaja a París invitado por Air France, donde se instala en la Galería de Nesle. Participa junto a Jacques Bonnaud durante más de 10 años en la coordinación del Centro Cultural de Nesle.

*1989: Viaja a Santiago de Chile. Pinta el primer mural de la Maestra Vida.

*1991: Regresa a Quito después de cuatro años en París.

*1993: Es invitado a exponer en Inglaterra.

*1998: Transforma una antigua fábrica de fideos, ubicada en el barrio de San Marcos en Quito, en su Casa-Taller. Visita museos en Suecia.

*1999: Organiza una serie de conversatorios en Quito sobre la crisis bancaria con un grupo de artistas y gestores culturales.

*2000: participa en el proyecto Cuerpos Pintados.

*2003: Nace Zara, su nieta, en Chile.

*2005: Nace su hijo Mael Francisco en Montpellier, Francia.

*2006: Nace su nieto Gabriel en Chile.

*2007: Realiza su primera muestra antológica en Quito.

Te podría interesar:

Ale Moshenek, una artista envuelta en vidrio




Etiquetas:

Artículos relacionados de libre acceso

Comparte este artículo
WhatsApp
Facebook
Twitter
LinkedIn
Email

Otros artículos de la edición impresa

Recibe contenido exclusivo de Revista Mundo Diners en tu correo