Esos ‘huevos moyos’ dulcitos de la cocina manabita

Hay generaciones que aprendieron a hacer la cocina y hay generaciones que la interpretan, la intuyen y la transforman. En este caso, conoceremos el origen de los huevos moyos.

Ese es el caso de la familia Fernández, en la que el nombre Cynthia lleva ya tres generaciones. La primera es la abuela, Cynthia Evelina Coello, cuya cocina ha estado más centrada en la comida tradicional, con el viche y la fanesca como platos estrella.

La segunda es Cynthia María Fernández Coello, la hija, que ha innovado la tradición culinaria dándole su propio toque y estilo y enfocándose más en la repostería, y la tercera es la nieta, Cynthia María Delgado Fernández, que se ha profesionalizado estudiando gastronomía y creando incluso sus propias recetas.

La tercera Cynthia, a la que familiarmente llaman Nena cuenta que, efectivamente, la mayoría de su recetario está integrado de recetas inventadas o recetas de su mamá a las que les puso su sello personal modificándolas un poco.

Huevos moyos familia

Cynthia Fernández, en cambio, relata que empezó a escribir su recetario desde joven, también con las recetas que su mamá le daba “y las anotaba rapidito”.

“Ella vivía lejos en ese entonces, por eso la llamaba y le preguntaba cómo hacer una u otra cosa y así fui alimentando mi libro”. Ella, que es la segunda de la línea, se ha decantado más por la comida de dulce y es experta en preparar los huevos moyos, cuya receta está en las siguientes líneas.

Como es experta en el azúcar, cuando alguien de sus cercanos necesita huevos moyos, recurre a ella para el encargo, y aunque los ingredientes de la receta son pocos, lo que está detrás es la habilidad para hacerlos, pues se necesita trabajar la mezcla en caliente para darles la forma redonda que les caracteriza.

Es un proceso meticuloso que requiere de paciencia y exactitud para evitar que la masa se pegue o se endure.

“Empecé a hacer huevos moyos cuando me convertí en madre, para el primer cumpleaños de mi hija Cynthia, es decir, ya llevo 24 años haciendo huevos moyos” con la receta original de su abuela.

El resultado de este trabajo es tan delicado que los huevos moyos se acercan más a la forma de unos copos de algodón que a otra cosa. Sin duda, la técnica que se adquiere a través de los años es lo más característico de su preparación.

Es que en Manabí es cuna de dulces. La localidad de Rocafuerte es especialmente reconocida por fabricar estas delicias azucaradas. Uno de los lugares tradicionales para comprar estas especialidades es la dulcería “Los Almendros”, donde el olor a canela y leche no deja indiferente a nadie. Allí, se puede encontrar hasta 100 variedades de postres.

Entre los más solicitados están los alfajores de chocolate, huevos moyos, bizcochuelos, manjares de leche y conitos.

También ofertan dulces de frutas, de zanahoria y de camote y hay cocadas de diferentes colores. Antes, elaboraban los productos artesanalmente en estufas y hornos de barro.

Según la historia relatada por sus pobladores, la fabricación de dulces en Rocafuerte se remonta al siglo XIX, cuando las religiosas franciscanas y mercedarias empezaron a elaborar estos productos que son casi un pedacito de cielo.

Huevos moyos

Ingredientes para 500 huevos moyos

2 litros de leche entera
16 yemas de huevo
4 tazas de azúcar blanca
Canela
Pimienta dulce
Clavo de olor
1 cucharada de esencia de vainilla
Una copita de ron o whisky
Mantequilla (para las manos al hacer las bolitas)
Azúcar impalpable

Preparación:

Hierva la leche y aromatícela con canela, clavo de olor y pimienta dulce. Una vez que hierva, déjela enfriar y ciérnala.

Licúe las yemas con la leche fría, póngalas al fuego y agregue el azúcar y el licor junto con la esencia de vainilla. Hierva sin dejar de mezclar, con la ayuda de una cuchara de palo, por aproximadamente dos horas hasta que espese.

La masa estará lista cuando, al pasar la cuchara por el centro, se haga una línea y tome un color marrón. Con la masa aún caliente, haga las bolitas, ayudándose de mantequilla en las manos para que la mezcla no se adhiera. Espolvoree con azúcar impalpable.

Este artículo fue originalmente publicado en el libro Orígenes, cocina de celebraciones de secretos de familia II.’

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