Diálogo con la historia en casi 500 páginas

Diálogo con la historia en casi 500 páginas

La compilación de textos en un libro no es copiar y pegar hasta lograr un cuerpo voluminoso; el desafío es que cada artículo cumpla un objetivo en un espacio creado para divulgar ideas, personajes, momentos de la historia mundial y nacional.

La palabra efímera, notas de prensa escrita, compilada por Antonio Rodríguez Vicéns, articulista de importantes diarios del país, abogado de profesión y exdirigente deportivo reúne 110 artículos y ensayos publicados desde los años noventa del siglo XX.

La selección de los artículos permite al lector actualizarse con la historia y con los episodios y protagonistas -nacionales e internacionales- de la política, las letras, la filosofía; incluso de la estupidez humana (leer Inútil divagación sobre los burros).

Vale insistir que no es una cronología de temas, sino ideas plasmadas a modo de escenas o diálogos (nacionales, hispanoamericanos y mundiales) y un epílogo que concluye con una entrevista de Edgar Freire Rubio al autor:

  • “Al principio, sin una biblioteca familiar y sin dinero para comprar libros, comencé a leer desordenadamente todo lo que caía en mis manos”.

Tal vez al autor le ocurrió lo que a muchos. Rodríguez Vicéns un día descubrió que su madre tenía una pequeña y vieja biblioteca con obras de Víctor Hugo, Eugène Sue, Émile Zola, Honoré de Balzac, Alexandre Dumas:

  • “La lectura de cada novela constituyó para mi una inmersión en un fantástico mundo de aventuras, paisajes distintos y desconocidos, sentimientos contradictorios y amores inalcanzables”.

En el capítulo En el jardín ajeno se comenta sobre literatura y autores; a continuación, en un espacio de miscelánea temas tan actuales como la libertad de prensa y la censura, tal como la concebía Marx; y luego las ideas de Juan Montalvo acerca del socialismo y la política, y los conceptos de Ortega y Gasset.

Acerca de este importante filósofo español del siglo XX, aunque nació en el XIX, se reproducen fragmentos de La rebelión de las masas, una de las mayores obras ensayísticas que nos acerca al “hombre vulgar” o al “señorito satisfecho”.

Dentro del mismo capítulo encontramos Voces de la memoria con reseñas sobre destacados pensadores y literatos como Gregorio Marañón, Paul Winter, Kafka, Fernando Vallejo, Unamuno, Cabrera Infante, Javier Cercas…

En El jardín ajeno el autor explica que desde su juventud fue un lector “obsesivo y hedónico”, moroso y atento. Cita a Bolaño: “Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo (…) como escuchar música, contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la playa”.

En la escena nacional comienza con la misión de Bolívar en Guayaquil (artículo escrito en 1993). Reseña un epistolario del Libertador en el que se descubre a un personaje “apasionante y sorprendente”, pero también contradictorio.

Sin embargo, más adelante completa la idea del personaje histórico en Karl Marx: Bolívar y el socialismo del siglo XXI (artículo de 2010). ¿Qué criterio tuvo el autor del Capital sobre Bolívar? ¿Lo veía como producto de la fantasía popular?

Igual de ilustrativos son los ensayos sobre Montalvo, Entre la gloria y la borrasca y Juan Montalvo y la filosofía. Son nociones del autor que ayudan a comprender mejor el pensamiento político y literario del escritor ambateño.

No se escapa nada, llega incluso hasta las duras críticas del autor de Las Catilinarias al socialismo y al comunismo.

¿Cuántas historias y ensayos se han publicado sobre García Moreno, su asesinato, la obra pública, sus apasionadas convicciones políticas? Hubo un personaje que participó en el magnicidio y del cuál se comenta poco: Roberto Andrade.

“Nuestro país, tan frecuentemente entusiasmado por las mediocridades de moda, no ha hecho justicia a Roberto Andrade”, señala Rodríguez en un artículo de 1995.

Lo califica de hombre de combate, político, historiador, biógrafo y novelista que sufrió varios años de exilio y fue perseguido con saña. El autor también rescata las Memorias íntimas de Federico González Suárez: un recuerdo del fanatismo religioso del Quito de los siglos XIX y XX.

Escribe González Suárez: “En una de las clases del colegio San Gabriel, uno de los profesores de lógica, emitiendo su juicio sobre mi obra, la calificó como deshonrosa para el país y para las letras; y, con palabras indecentes exhortó a sus discípulos a darme de bofetadas”.

Para el obispo la política era una embriaguez de cólera y egoísmo. Fue vilipendiado, calificado de testarudo, misántropo y hasta de “loco”, se lee en uno de los artículos.

En la Escena nacional el libro permite conocer personajes tan notables como Medardo Ángel Silva, José María Velasco Ibarra (por su alto nivel intelectual, su amplia cultura y la erudición desbordante de sus obras), Benjamín Carrión, Jorge Carrera Andrade, Jorge Icaza y su inmortal Huasipungo, Agustín Cueva, Leopoldo Benites Vinueza…

Rodríguez Vicéns, que también fue dirigente estudiantil por la Universidad Católica narra experiencias personales, como cuando fue enviado a la cárcel en 1972 por la dictadura de Rodríguez Lara, un “personaje histriónico, pomposo y cursi”.

No se puede dejar de mencionar a dos figuras internacionales: José Martí y el inca Túpac Amaru. La rebelión del cacique y las salvajes torturas que sufrió merecen una lectura muy rigurosa para entender uno de los capítulos más indignantes de la conquista española.

(Fernando Larenas)

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