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La historia de tres mujeres en el arte ecuatoriano

por Revista Mundo Diners

Por Fernando Larenas

La escritora y periodista Ivonne Guzmán investigó el período y rescató el nombre de tres mujeres que alcanzaron reconocimiento internacional en las artes: Piedad Paredes (1911-2003), Alba Calderón (1908-1992) y Germania Paz y Miño (1913-2002).

"La pintura social. Tres mujeres en el mundo del arte de los años 30" es el libro editado por la Universidad Andina Simón Bolívar, que pertenece a la serie Magister.

Siglo XX, década de 1930, apenas dos años antes, las mujeres habían logrado el derecho al voto aunque muy resistido por la sociedad de entonces- y las ideas se debatían, la literatura había alcanzado una producción sorprendente, lo mismo las artes plásticas.

Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta y Gil Gilbert habían publicado Los que se van, que se convirtió en un boom de la literatura latinoamericana. Pertenecían al Grupo de Guayaquil, también integrado por José de la Cuadra y Alfredo Pareja Diezcanseco.

En las artes se desarrollaba el expresionismo social y la pintura indigenista, que tenía entre sus representantes a Eduardo Kingman, Diógenes Paredes, Leonardo Tejada, Pedro León, Mena Franco y algunos más.

Sin embargo, la participación de las mujeres en las actividades culturales estaba ausente o era incipiente.

La autora señala que, en la década de 1930, cuando el campo artístico vivió un relevo generacional y conceptual en el Ecuador hubo mujeres que participaron del proceso e impulsaron la función social de las artes plásticas.

El siglo se iniciaba con la fundación del Instituto Normal Manuela Cañizares (1901), en el cual se formaban las profesoras. Luego vino el Liceo Fernández Madrid (1930), que capacitaba a las jóvenes en diversos artes y oficios y el Colegio 24 de Mayo (1922).

La Escuela de Bellas Artes fue el punto de partida para que Piedad Paredes, Alba Calderón y Germania Paz y Miño incursionen en un ámbito que, a lo largo de la historia, estuvo ocupado casi exclusivamente por hombres, anota Ivonne Guzmán.

Si bien la investigación descubre enormes virtudes de las tres artistas, también revela las críticas irónicas y sesgadas de la época.

De Alba Calderón privilegian mucho más el hecho de que era la esposa de Gil Gilbert que su obra; de Piedad Paredes hacen alusión a su belleza física y califican de error a sus cuadros geométricos; de Germania Paz y Miño decían que publicó “un librito” sobre arte mexicano.

Según la autora las tres artistas contaron con un capital cultural común que les proporcionó su formación académica, Todas, dice, tuvieron en diferentes grados relación con “la tendencia política de izquierda que iba ganando terreno en el mundo de las artes plásticas”.

La historia de tres mujeres en el arte ecuatoriano libro uno
El libro "La pintura social. Tres mujeres en el mundo del arte de los años". Foto: Victor Vergara

Alba Calderón

Es la de mayor vena política, militó en el Partido Comunista durante toda su vida adulta y fue miembro del buró. Los temas sociales que caracterizaron su obra artística tienen correspondencia directa con su vida política.

Los cuadros de Alba Calderón son expresiones de lo popular, lo indio, lo negro, lo montuvio, dice la autora. Hacia finales de la década de 1940, aunque ya no estaba plenamente activa pintando, su obra seguía presente en el imaginario junto con las de Kingman, Diógenes Paredes, Guayasamín, Tejada o Moscoso.

A ellos la unía el mensaje doloroso del indio, del obrero de ciudad y del campo.

Germania Paz y Miño

Fue una de las artistas clave en la renovación de la escultura ecuatoriana a partir de la década de 1930, según reconocieron en su momento Benjamín Carrión, Jorge Icaza o Hernán Rodríguez Castelo. De las tres fue la más intelectual a criterio de Ivonne Guzmán.

En los primeros años de su trayectoria Paz y Miño combinó su quehacer artístico con la reflexión y la escritura sobre arte; lo hizo desde una perspectiva de izquierda.

Estudiosa y admiradora del muralismo mexicano, aparte de México consideraba a Uruguay como referente artístico regional.

Su lenguaje plástico estuvo marcado por las rupturas y la innovación o, como decía El Comercio en agosto de 1934 Paz y Miño dio un paso valiente de liberación de la Escuela Clásica para adentrase de lleno en la Escuela Vanguardista.

Piedad Paredes

Una búsqueda incesante de lenguajes artísticos caracterizó la trayectoria de Piedad Paredes. “La naturaleza discretamente esquiva y algo retraída ha sido asociada con las características de su obra”, expresa la sobrina de la artista Ivonne Zúñiga en Arte y Vida en la obra de Piedad Paredes Álvarez, citada en el libro.

También se cita a Lenin Oña: “Lo que llama la atención en la obra de Piedad Paredes es que ella no se suma mecánicamente a la corriente tremendista del expresionismo indígena encabezada por Guayasamín y Diógenes Paredes, sino que mantiene su personalidad y eso ya de suyo es un valor”.

Desde su inicio la artista se encontró con un ambiente artístico influenciado por la política, que ponía reparos a su forma de abordar su creación. Nunca estuvo involucrada en movimientos políticos.

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