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René Higuita: el “Loco” y sus claroscuros

por Galo Vallejos Espinosa

La serie ‘Higuita: El camino del Escorpión’ arma un retrato de cuerpo entero del exarquero colombiano, desde sus años de infancia hasta sus vínculos con el narcotráfico. Es parte del menú de Netflix.

Higuita
Una de las imágenes que aparecen en el documental de René Higuita.

René 

No existió antes ni después un arquero con tanto protagonismo, no solo a escala regional sino planetaria. Su carácter irreverente en la cancha era único y dio lugar a una reforma de las reglas del fútbol hace treinta años. René Higuita (Medellín, 1966) puso al deporte de masas de cabeza y aquello lo refleja ‘Higuita: El camino del Escorpión’, documental del director estadounidense uruguayo Luis Ara. 

El filme retrata la emergencia de un joven humilde de una barriada de Medellín, huérfano, criado por sus abuelos, quien fue capaz de dar un aire de frescura al balompié con una voluntad temeraria que cuestionó el oficio de guardameta. 

Higuita fue uno de los grandes valores del fútbol de su país en el 'boom' que experimentó a finales del siglo pasado. Se convirtió en una suerte de defensa más, que salía jugando con los pies, llegaba al arco rival, anotaba goles. Nunca antes se había visto algo similar. 

Sin embargo, lo novedoso del filme de Ara es que además de narrar la ruta deportiva del protagonista, retrata la forma en cómo el estado colombiano lo persiguió a mediados de los noventa, en medio de una guerra con el narcotraficante Pablo Escobar, debido a que colaboró en la liberación de una rehén mientras estallaba el conflicto. Pasó meses en la cárcel y aquello devino en que quedara fuera de la selección de su país, una de las favoritas para el Mundial de Fútbol de 1994. 

Ara, reconocido por filmar los documentales ‘Andes Mágicos’ y ‘Brasil 2002: Os bastidores de penta’ narra la época de oro del fútbol colombiano de la mano del crecimiento de la carrera de René. Las voces que se alternan son los históricos entrenadores contemporáneos del golero, Francisco Maturana y Hernán ‘Bolillo’ Gómez, además de ex compañeros como Carlos ‘Pibe’ Valderrama y Luis Perea, el ex futbolista mexicano Jorge Campos, entre muchos otros. 

Higuita 

Surgido de la cantera del Atlético Nacional de Medellín, Higuita empezó con incertidumbre debido a que sus 1,75 metros de estatura no encajaban en el porte de un arquero para el fútbol de alta competencia. Su primer equipo profesional fue Millonarios de Bogotá, donde apenas pudo jugar. 

Volvió al Nacional donde encontró un espacio. Ahí empezó a jugar con los pies, algo que entonces no era habitual. En lugar de tomar el balón únicamente con la mano, una vez que lo recibía de parte de sus compañeros, lo dominaba con los botines y salía jugando, poniendo los pelos de punta a los hinchas. 

Con ese estilo, que alternaba con atajadas de antología, salió campeón de Colombia y de la Copa Libertadores de América, el principal torneo del continente. Su aporte fue clave para que su país volviera a los mundiales de fútbol luego de casi tres décadas en 1990, en el torneo realizado en Italia, donde dio a conocer sus locuras al mundo. 

El cuadro cafetero llegó a octavos de final, fase en la cual fue eliminado en tiempo extra por Camerún, después de un error de Higuita y de su compañero Perea, una vez que el arquero hizo lo que acostumbraba: dejar el arco para convertirse en jugador de campo. Antes, en la fase de grupos del campeonato, él y sus camaradas habían hecho historia al haber empatado sobre la hora frente a los alemanes, que a la postre resultaron campeones. 

La selección colombiana fue recibida con honores en su país. Los futbolistas pasaron a convertirse en personajes públicos. Devinieron en una suerte de ‘rock stars’ de la época. De ahí que todo lo que hicieran llegaba a ser conocido e incluso, en más de una ocasión, exagerado. 

En 1991, Higuita visitó en la cárcel La Catedral a Pablo Escobar, el narcotraficante que tenía sometido al estado colombiano -esa penitenciaria fue construida por el propio mafioso a su medida, en una muestra del poder que administraba-. René dijo que era su amigo, pero la opinión pública y el establecimiento de su país empezaron a posar la mirada sobre las espaldas del futbolista. 

El Escorpión 

Para 1993, la familia del banquero Luis Molina le solicitó que mediara en el secuestro de su hija, una niña. Molina trabajaba con los carteles de la droga, donde los narcotraficantes también estaban enfrentados y en guerra casi permanente; se hacían daño unos a otros. 

Higuita aceptó y el hecho se hizo público. Entonces existía en Colombia una ley que penaba cualquier intervención en un secuestro; la Justicia puso sus manos en el arquero, que estuvo más de medio año detenido sin que se iniciara un proceso formal en su contra. 

Cuando salió libre el daño estaba hecho. No solo lo perjudicó en su deseo de jugar el segundo mundial de fútbol de su carrera, sino en el descrédito frente a la población, que miraba aterrada la guerra contra los carteles de la droga que se libraba en ese momento en un reguero de sangre y muerte en las calles de Colombia. Las cosas nunca volvieron a ser iguales para Higuita. 

No volvió a recuperar la titularidad en la selección colombiana. Figuraba a cuenta gotas, con un paréntesis en 1995 en el cual ideó la jugada del escorpión en un partido internacional contra Inglaterra, la técnica consiste en golpear el balón en el aire, con el cuerpo lanzado hacia delante, y lanzarlo con las plantas de los pies.

El descenso de su carrera futbolística apenas terminó en el 2009, luego de más de una veintena de equipos entre los cuales se incluyó el Aucas ecuatoriano en 2004. “El caminó del escorpión” es una suerte de reconocimiento tardío hacia un deportista inimitable. A un arquero talentoso, carismático, que no pudo soportar la fuerza de un estado que libraba una guerra en el mejor momento de su carrera.

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Acerca de Galo Vallejos Espinosa

Periodista, escritor y docente universitario. En medios escritos por más de dos décadas. Reside en Quito.
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